Todos los días, mi padre me iba a buscar a la salida del instituto para
llevarme a casa. Siempre pasábamos por el mismo sitio, primero por mi
antiguo colegio, después por otro instituto y luego subíamos la cuesta
para llegar al garage donde guardaba el coche.
No recuerdo el día exacto, ni el mes, sólo se que fue en el segundo
trimestre. Yo iba mirando por el cristal del coche, embobada, pensando
en mis cosas sin prestar mucha atención a la gente que pasaba por la
calle. Cuando pasábamos por mi antiguo colegio, mi padre paró en el paso
de patones, esperando a que la gente cruzase. Chicos y chicas en
grupos, con mochilas a la espalda, riéndose y hablando de sus cosas,
criticando a profesores, alumnos y demás gente. Sin prisa por llegar a
sus casas. Giré la cabeza, y le ví. Un chico alto, con la piel oscura y
unos ojos azules preciosos apareció al cruzar la esquina. Me quedé
mirándole, aunque seguí ambobada y no estaba prestando atención. Él me
miró también y, para mi sorpresa, me guiñó un ojo. Me reí
disimuladamente mientras él se iba con una sonrisa. Mi padre continuó el
camino, sin haberse enterado de nada.
En el resto de camino me formé mil historias con aquel chico. Recuerdo
que, cuando yo estaba saliendo con Aram, mi amiga Paula me dijo un día
por la calle "Mira, ¿no es ese tu novio?" y no, no era, pero se le
parecía mucho. Juraría que aquel chico que me había guiñado el ojo, era
el chico que Paula confundió con Aram. Seguro.
Llegamos a casa, y me olvidé totalmente de él. Comí y me fuí al sofá.
Encendí la televisión y me relajé 5 minutos. Como todos los días. Digo 5
minutos, porque a las 4, tanía clase de baile. Salí de casa corriendo a
las 4 menos 10. Llegaba tarde, por variar. No sabía si contarle lo del
chico a mis amigas de la academia, así que al final no las dije nada.
Ahora me arrepiento de no habérselo contado desde el principio.
Me olvidé del chico uno días. Pensé que no le iba a volver a ver. Bueno,
en realidad no lo pensé, no volví a pensar en él. No me acordaba de él.
No me le iba a cruzar en el mismo sitio. Pero estaba equivocada. No me
imaginaba lo que iba a pasar en los meses siguientes. No tenía ni idea.
sábado, 20 de octubre de 2012
jueves, 4 de octubre de 2012
CAPÍTULO 20.
El grupo cada vez estaba más dividido. Raquel y Paula ahora eran mejores
amigas. Idoya nos dejaba un poco de lado por su novio, pero siempre
estaba conmigo y con Elisa, igual que Lucía. Todas estaban un poco
enfadadas con Andrea, sobre todo Raquel y Paula, así que nadie la hacía
caso. Más de una vez se derrumbó delante de alguna de nosotras, pero
nunca llegó a pedir perdón. Imagino que pensaba que no había hecho nada.
Y en realidad, yo nunca me enteré bien de lo que había hecho. Tan solo
sé que se metió en la relación de Idoya y Manuel, y que tuvo problemas
con las demás. Tampoco me importa. Nunca me he llevado bien con ella del
todo, y creo que nunca lo haré. Por otra parte, Alica y Ángela eran
inseparables. Y, como siempre, yo y Elisa íbamos por nuestra cuenta.
Irene y Angélica cada vez estaban más unidas al grupo, aunque seguían
sin venirse con nosotras en los recreos. Yo y Elisa estábamos a favor de
que saliesen con nosotras, porque así éramos más gente. Pero dentro del
grupo, nadie pensaba lo mismo, así que tuvimos varias discusiones por
eso. Prácticamente teníamos problemas todos los días. Todas éramos
falsas. Todas. Y lo seguimos siendo.
Las notas...buenas. La verdad es que estaba contenta por eso. Matemáticas y Física y Química me daban algún problema, pero con las clases de mi tía, aprobaba, e incluso sacaba buenas notas.
Mientras, en casa, tenía algunas discusiones por culpa del móvil y del ordenador. Pero no era ningún problema para mí. Imagino que si eres adolescente, lo entenderás. Ordenador, móvil, comida, televisión, móvil, ordenador, móvil, ordenador, televisión.... Lo típico.
Como modelo estaba bien. Entre las sesiones de fotos, la academia de baile y las clases de pintura, no tenía tiempo de hacer muchas cosas, pero me organizaba bien. Un día, en un reportaje, conocí a un chico perfecto. No me gustaba, claro, pero era el mejor amigo que se puede imaginar. Empezamos a hablar todos los días, y pronto nos hicimos inseparables. Todavía hoy, lo seguimos siendo.
Y, por último, el apartado de chicos. Bien. Mal. Regular. No sé. No sé si estaba bien, o si estaba mal. Ese apartado cada vez estaba más gris. Ni blanco, ni negro. Gris. Gris oscuro. Aunque, por otra parte, ese tema es el que le daba algo de emoción a mi vida. Porque no había vida más aburrida que la mía.
Y lo que pasó el resto del curso, fue una historia bastante emocionante. Una historia que parece sacada de una película de amor. Tan real, que parece inventada.
Las notas...buenas. La verdad es que estaba contenta por eso. Matemáticas y Física y Química me daban algún problema, pero con las clases de mi tía, aprobaba, e incluso sacaba buenas notas.
Mientras, en casa, tenía algunas discusiones por culpa del móvil y del ordenador. Pero no era ningún problema para mí. Imagino que si eres adolescente, lo entenderás. Ordenador, móvil, comida, televisión, móvil, ordenador, móvil, ordenador, televisión.... Lo típico.
Como modelo estaba bien. Entre las sesiones de fotos, la academia de baile y las clases de pintura, no tenía tiempo de hacer muchas cosas, pero me organizaba bien. Un día, en un reportaje, conocí a un chico perfecto. No me gustaba, claro, pero era el mejor amigo que se puede imaginar. Empezamos a hablar todos los días, y pronto nos hicimos inseparables. Todavía hoy, lo seguimos siendo.
Y, por último, el apartado de chicos. Bien. Mal. Regular. No sé. No sé si estaba bien, o si estaba mal. Ese apartado cada vez estaba más gris. Ni blanco, ni negro. Gris. Gris oscuro. Aunque, por otra parte, ese tema es el que le daba algo de emoción a mi vida. Porque no había vida más aburrida que la mía.
Y lo que pasó el resto del curso, fue una historia bastante emocionante. Una historia que parece sacada de una película de amor. Tan real, que parece inventada.
miércoles, 3 de octubre de 2012
CAPÍTULO 19.
No recuerdo el día en que las cosas fueron a más, pero sí recuerdo que
fue involuntario. Pasaban los días, las semanas... pero el hambre, nunca
aparecía. Pasé de dejar la mitad del plato a dejarle entero. a veces,
tenía hambre y comía cualquier cosa. Pero después, sin quererlo, me
encerraba en el baño, y expulsaba todo lo que había comido con ayuda del
dedo índice y el corazón. Me sentía mal por hacer eso. Pero no lo podía
controlar. Al día siguiente lo volvía a hacer, y volvía a llorar
apoyada en la puerta del baño, en silencio. Y después abrir la puerta y
sonreír como si nada hubiese pasado. Nadie se lo podía imaginar. Mis
padres no están nunca en casa, así que era difícil de ocultar. Con mis
amigos me comportaba normalmente. A decir verdad, solo comía con ellos.
Nunca se lo conté a nadie. Nunca pensé que era un problema. No lo hacía
por adelgazar. O sí. Todavía sigo buscando una explicación a eso. Pero a
veces la mejor respuesta es no preguntarse por qué.
Tardé en parar de hacerlo. Llevaba todo segundo y tercero haciéndolo, y por supuesto, no fue fácil detenerlo. Tampoco recuerdo cuándo me dí cuenta de que debía parar. Un día me estaba cambiando de ropa, y no encontraba la camiseta que me pensaba poner. Busqué en todas partes. Caminé en ropa interior por toda la casa intentando encontrar la camiseta. Entré en la habitación de mis padres, y lo vi. Vi la camiseta. Pero vi más que eso. Vi mi reflejo en el espejo que tanto había soñado tener en mi habitación desde que era pequeña. Sí, me había mirado mucho antes, pero nunca de ese modo. Me puse frente a él, y me enfrenté a la realidad. Los brazos, las piernas, la tripa... se marcaban todos los huesos de mi cuerpo. Me daba asco a mí misma. No era nada parecido a aquellas fotos de chicas anoréxicas o bulímicas que puedes ver en cualquier parte. Pero aún así, era horrible. Era horrible para mí. Llorando, fuí al baño. Me subí encima de la báscula por primera vez en el curso. Y comprobé lo que era evidente. Había adelgazado mucho. Demasiado. Mucho más de lo que debería. Ese día le terminé como todos, con una falsa sonrisa para no llamar la atención de nadie. Pero esa misma noche, se lo conté todo a Cody. Pasamos la noche sin dormir, hablando. Como hacíamos en los viejos tiempos. Me hubiera gustado que la conversación no fuese de ese tema, pero me ayudó mucho. Tanto, que cuando apagué el móvil tras despedirme de él a las ocho de la mañana, me prometí a mi misma parar todo aquello.
Mi madre ya sabía que estaba adelgazando, pero no le dio importancia. La gente también lo había notado. Pero no me importaba. Sabía que todo iba a cambiar. Meses después, mi madre me llevó al médico. Al principio tenía miedo de que notasen lo que había pasado meses atrás, pero me dí cuenta de que era imposible. Había engordado unos kilos desde entonces, y no había vuelto a hacer nada de eso. Aunque seguía sin tener hambre y continuaba estando más delgada de lo que debería. El médico me midió y me pesó. Dijo que si adelgazaba un kilo, me saldría del percentil. Estaba sana, pero demasiado delgada. Me mandó hacerme unos análisis y tomar una pequeña medicación. Más tarde fuimos a por los resultados de los análisis, en los que ponía que estaba todo bien. Al mes siguiente, volvimos al médico para que me hiciese una pequeña revisión. Había engordado más de 6 kilos. Ni yo, ni mi madre, ni el médico podíamos creernos que en tan poco tiempo hubiera progresado tanto. Salí muy feliz de allí.
Aunque todo eso es pasado siempre va a estar ahí. Siempre voy a tener el recuerdo. Siempre voy a estar acomplejada con el peso. No voy a dejar de pensar que estoy demasiado delgada. No es divertido que alguien me diga que estoy muy delgada, que alguien diga algo relacionado con el peso, que se me escapen las lágrimas en una charla sobre la bulimia y la anorexia. Son cosas que no voy a poder evitar. Cosas que me van a pasar siempre, que me van a perseguir toda la vida. Pero nunca volverán a ser un presente.
Los problemas se solucionan. Dejan de ser tu presente y pasan a convertirse en pasado.
Tardé en parar de hacerlo. Llevaba todo segundo y tercero haciéndolo, y por supuesto, no fue fácil detenerlo. Tampoco recuerdo cuándo me dí cuenta de que debía parar. Un día me estaba cambiando de ropa, y no encontraba la camiseta que me pensaba poner. Busqué en todas partes. Caminé en ropa interior por toda la casa intentando encontrar la camiseta. Entré en la habitación de mis padres, y lo vi. Vi la camiseta. Pero vi más que eso. Vi mi reflejo en el espejo que tanto había soñado tener en mi habitación desde que era pequeña. Sí, me había mirado mucho antes, pero nunca de ese modo. Me puse frente a él, y me enfrenté a la realidad. Los brazos, las piernas, la tripa... se marcaban todos los huesos de mi cuerpo. Me daba asco a mí misma. No era nada parecido a aquellas fotos de chicas anoréxicas o bulímicas que puedes ver en cualquier parte. Pero aún así, era horrible. Era horrible para mí. Llorando, fuí al baño. Me subí encima de la báscula por primera vez en el curso. Y comprobé lo que era evidente. Había adelgazado mucho. Demasiado. Mucho más de lo que debería. Ese día le terminé como todos, con una falsa sonrisa para no llamar la atención de nadie. Pero esa misma noche, se lo conté todo a Cody. Pasamos la noche sin dormir, hablando. Como hacíamos en los viejos tiempos. Me hubiera gustado que la conversación no fuese de ese tema, pero me ayudó mucho. Tanto, que cuando apagué el móvil tras despedirme de él a las ocho de la mañana, me prometí a mi misma parar todo aquello.
Mi madre ya sabía que estaba adelgazando, pero no le dio importancia. La gente también lo había notado. Pero no me importaba. Sabía que todo iba a cambiar. Meses después, mi madre me llevó al médico. Al principio tenía miedo de que notasen lo que había pasado meses atrás, pero me dí cuenta de que era imposible. Había engordado unos kilos desde entonces, y no había vuelto a hacer nada de eso. Aunque seguía sin tener hambre y continuaba estando más delgada de lo que debería. El médico me midió y me pesó. Dijo que si adelgazaba un kilo, me saldría del percentil. Estaba sana, pero demasiado delgada. Me mandó hacerme unos análisis y tomar una pequeña medicación. Más tarde fuimos a por los resultados de los análisis, en los que ponía que estaba todo bien. Al mes siguiente, volvimos al médico para que me hiciese una pequeña revisión. Había engordado más de 6 kilos. Ni yo, ni mi madre, ni el médico podíamos creernos que en tan poco tiempo hubiera progresado tanto. Salí muy feliz de allí.
Aunque todo eso es pasado siempre va a estar ahí. Siempre voy a tener el recuerdo. Siempre voy a estar acomplejada con el peso. No voy a dejar de pensar que estoy demasiado delgada. No es divertido que alguien me diga que estoy muy delgada, que alguien diga algo relacionado con el peso, que se me escapen las lágrimas en una charla sobre la bulimia y la anorexia. Son cosas que no voy a poder evitar. Cosas que me van a pasar siempre, que me van a perseguir toda la vida. Pero nunca volverán a ser un presente.
Los problemas se solucionan. Dejan de ser tu presente y pasan a convertirse en pasado.
CAPÍTULO 18.
Ya se estaba acabando el primer trimestre. De un día para otro dejé de
hablar con Nacho. Después me enteré de que estaba saliendo con una
chica, así que no volvimos a tener una conversación como las de antes.
Aram, cuando le dejé, empezó a hablar con otra chica. Más tarde, se dio
cuenta de que no tendría nada con ella y me propuso volver. Por
supuesto, le dije que no.
Pasó algo de tiempo. Lo justo. Nunca supe por qué, ni cuando exactamente, ni cómo, pero comencé a tener problemas. Problemas que ya había tenido antes. Problemas que no se solucionan de un día para otro. Problemas difíciles de explicar. Problemas que a nadie le gustaría tener. Problemas con la comida.
A finales de primero y durante segundo, empezaron esos problemas. No sé por qué empezaron. Ni siquiera era consciente de lo que hacía. No lo empecé a posta. En primaria no me importaba mi peso. Empecé a engordar en el instituto, incluso mi madre me dijo que estaba engordando demasiado. Pero nunca me llegó a importar. O eso pensaba. Primero, dejé de tener ganas de comer. Dejaba la mitad de la comida en el plato todos los días. No porque quisiese adelgazar, sino porque no tenía ganas de comer. Así, pasó el tiempo. Fui adelgazando sin darme cuenta. Sin quererlo. Sin buscarlo. Sin estar interesada en adelgazar. La gente no me decía que estaba gorda. Yo tampoco lo pensaba. De vez en cuando me comparaba con Elisa. Veía lo pequeña y delgada que era, y me veía a mi. No me gustaba mi cuerpo, pero no buscaba cambiarlo. O sí.
Un día en el espejo vi que ya no estaba como antes. Seguía habiendo partes de mi cuerpo que no me gustaban, pero había cambiado mucho. Seguí sin tener ganas de comer hasta finales de segundo. Mi madre se dio cuenta de que estaba adelgazando, pero no le dio importancia. Porque no la tenía.
Cuando acabó segundo, yo tenía otro cuerpo totalmente diferente. No adelgacé más durante el verano, pero tampoco engordé. Es difícil de explicar.
Pero, aunque eso parecen problemas, no tienen nada que ver con lo que os quería contar. Los problemas en tercero con la comida fueron mas allá. Mucho más de lo que me esperaba. Difícil de explicar, difícil de superar.
Pasó algo de tiempo. Lo justo. Nunca supe por qué, ni cuando exactamente, ni cómo, pero comencé a tener problemas. Problemas que ya había tenido antes. Problemas que no se solucionan de un día para otro. Problemas difíciles de explicar. Problemas que a nadie le gustaría tener. Problemas con la comida.
A finales de primero y durante segundo, empezaron esos problemas. No sé por qué empezaron. Ni siquiera era consciente de lo que hacía. No lo empecé a posta. En primaria no me importaba mi peso. Empecé a engordar en el instituto, incluso mi madre me dijo que estaba engordando demasiado. Pero nunca me llegó a importar. O eso pensaba. Primero, dejé de tener ganas de comer. Dejaba la mitad de la comida en el plato todos los días. No porque quisiese adelgazar, sino porque no tenía ganas de comer. Así, pasó el tiempo. Fui adelgazando sin darme cuenta. Sin quererlo. Sin buscarlo. Sin estar interesada en adelgazar. La gente no me decía que estaba gorda. Yo tampoco lo pensaba. De vez en cuando me comparaba con Elisa. Veía lo pequeña y delgada que era, y me veía a mi. No me gustaba mi cuerpo, pero no buscaba cambiarlo. O sí.
Un día en el espejo vi que ya no estaba como antes. Seguía habiendo partes de mi cuerpo que no me gustaban, pero había cambiado mucho. Seguí sin tener ganas de comer hasta finales de segundo. Mi madre se dio cuenta de que estaba adelgazando, pero no le dio importancia. Porque no la tenía.
Cuando acabó segundo, yo tenía otro cuerpo totalmente diferente. No adelgacé más durante el verano, pero tampoco engordé. Es difícil de explicar.
Pero, aunque eso parecen problemas, no tienen nada que ver con lo que os quería contar. Los problemas en tercero con la comida fueron mas allá. Mucho más de lo que me esperaba. Difícil de explicar, difícil de superar.
CAPÍTULO 17.
Me desperté tarde como cualquier fin de semana. Desayuné viendo la
televisión y después encendí el ordenador. Mientras se cargaba, me lavé
la cara y los dientes, me peiné e hice la cama. Me senté en la silla
frente al ordenador y me dispuse a pasar el resto de la mañana ahí
sentada sin hacer nada productivo. Apenas pensé en el día anterior. No
se por qué, pero no estaba emocionada. Tampoco sabía si tenía que
estarlo. Abrí el Tuenti y revisé las novedades, pero rápidamente lo
cerré. No quería hablar con Aram, ni con Elsa, ni con ninguna de mis
amigas. Simplemente, no me apetecía. Abrí el Twitter. Tres nuevas
menciones y un nuevo seguidor. El nuevo seguidor, un tal @naachoo95,
había dicho que le gustaba la gorra que llevaba en la foto. Sonrisa. Le
contesté lo más amablemente que pude, y seguí revisando el resto de las
redes sociales. @naachoo95 volvió a mandarme un tweet. Esta vez, sacando
un tema de conversación. Parecía majo. Le contesté. Me respondió. Le
escribí, y me volvió a mencionar. Así, durante toda la mañana. Incluso
me pidió el Tuenti para poder hablar.
El resto de la mañana pasó igual de rápido que el fin de semana. La semana siguiente fue un completo desorden. Por un lado, seguí saliendo con Aram, aunque no nos habíamos vuelto a ver y no hablábamos mucho. Por otra parte, estaba @naachoo95. Nacho. Con el que hablaba todas las noches. Me trataba como a cualquier chica le gustaría que le trataran. Por supuesto, no me creía nada, aunque nunca se lo dije. Le seguía el juego. Vivía en Madrid, así que no le podía ver, pero me hizo darme cuenta de que con Aram estaba haciendo el tonto. Había chicos que me podían tratar mejor, y que no podía salir con alguien sin sentir nada por él. Y por último, estaba Cody. Le cabreaba que hablase más con Nacho que con el y, por supuesto, no le gustaba que saliese con Aram. Aunque él nunca lo reconoció, tenía celos de todos.
La semana pasó, y yo me di cuenta de que así no podía estar. Dejé a Aram justo cuando hicimos una semana. Me había contado que se había enfadado con Aaron, y las razones me llevaron a tener más ganas de dejarle. Además, Nacho seguía hablando conmigo y había dejado a su novia, así que lo tenía todo claro. Más tarde me contaron que fumaba de todo y que se iba con gente que no era de fiar. También me contaron que el día que nos vimos en la discoteca, le dijo a Aaron que "seguro que me abría de piernas muy bien" y que "me llevaría al baño para pasarlo bien". comentarios que, por supuesto, no me gustaron nada.
Si sales con alguien, por lo menos, conocelo un poco.
El resto de la mañana pasó igual de rápido que el fin de semana. La semana siguiente fue un completo desorden. Por un lado, seguí saliendo con Aram, aunque no nos habíamos vuelto a ver y no hablábamos mucho. Por otra parte, estaba @naachoo95. Nacho. Con el que hablaba todas las noches. Me trataba como a cualquier chica le gustaría que le trataran. Por supuesto, no me creía nada, aunque nunca se lo dije. Le seguía el juego. Vivía en Madrid, así que no le podía ver, pero me hizo darme cuenta de que con Aram estaba haciendo el tonto. Había chicos que me podían tratar mejor, y que no podía salir con alguien sin sentir nada por él. Y por último, estaba Cody. Le cabreaba que hablase más con Nacho que con el y, por supuesto, no le gustaba que saliese con Aram. Aunque él nunca lo reconoció, tenía celos de todos.
La semana pasó, y yo me di cuenta de que así no podía estar. Dejé a Aram justo cuando hicimos una semana. Me había contado que se había enfadado con Aaron, y las razones me llevaron a tener más ganas de dejarle. Además, Nacho seguía hablando conmigo y había dejado a su novia, así que lo tenía todo claro. Más tarde me contaron que fumaba de todo y que se iba con gente que no era de fiar. También me contaron que el día que nos vimos en la discoteca, le dijo a Aaron que "seguro que me abría de piernas muy bien" y que "me llevaría al baño para pasarlo bien". comentarios que, por supuesto, no me gustaron nada.
Si sales con alguien, por lo menos, conocelo un poco.
CAPÍTULO 16.
Llegamos a casa de Elsa, y llamamos al portero. No había nadie. Y ella
tampoco tenía llaves. Perfecto vamos. Hacía mucho frío fuera, y cada vez
llovía más. No sabíamos qué hacer. Salió una señora del portal, y
entramos, por lo menos, para refugiarnos. Subimos hasta el piso de Elsa,
y nos sentamos en las escaleras frente a la puerta de entrada. Por lo
menos, cogíamos la señal wifi de su casa, así que no lo pasamos muy mal.
Estuvimos conectadas con el móvil el resto del tiempo que nos quedaba.
De vez en cuando decíamos cosas como: "ya verás que vergüenza...", "¿Y
si no van?", "esperar es una mierda", "¡estoy de los nervios!", "¿Y si
nos quedamos aquí y no vamos?", "Puufff..." etc. Estuvimos así hasta que
llegó la hora de irnos. Bajamos, y nos miramos una última vez en el
espejo que hay en su portal. La lluvia no había destrozado del todo mi
pelo, así que dentro de lo malo, estaba bien.
Salimos de allí y, bajo el paraguas, andamos a paso ligero hasta el lugar dónde habíamos quedado. Nos acercamos un poco, con vergüenza, y vimos que no había nadie. Pensamos que nos habían dado plantón. En cierta parte, me alegré. Así no tendría que pasarlo mal cuando le viera. Nos estábamos alejando comentando el ridículo que habíamos hecho al haber ido, cuando dos chicos acercaron hasta allí. Aram y Aaron. De repente, se esfumaron todos los nervios que tenía desde esa mañana. Nos acercamos a ellos, que nos recibieron con un pequeño beso. Adiós vergüenza también.
Llovía cada vez más y sólo teníamos un paraguas para cuatro personas. no sabíamos que hacer o a dónde ir, así que nos metimos en unos soportales. Aaron se acercó a Elsa, y yo me acerqué a Aram. No voy a entrar en detalles de lo que viene a continuación, os lo podéis imaginar. Sonrisas, besos, miradas. Pero ningún sentimiento, por parte de ninguno.
Después, fuimos a la plaza. Allí se juntaron con unos amigos, y Elsa y yo nos queríamos ir cada una por nuestra cuenta. Saqué el móvil y llamé a Elisa.
Yo: Prima... ¿dónde estáis?
E: Eh...¿prima?..¡Ah Sí!...estamos subiendo a la plaza. ¿Vas a venir ya?
Yo: Sí. Os espero aquí.
E: ¿Está A. a tu lado?
Yo: Sí jajaja
E: jajaja no me lo puedo creer. Bueno, ahora nos vemos.
Yo: Adiós.
Fin de la llamada. Menos mal que Elisa y yo nos entendemos a la perfección. Sabemos cómo hablar para que nadie a nuestro alrededor se entere del tema de la conversación o de con quién estamos hablando. Había sido una perfecta maniobra de escape. Le dije a Aram que mi prima iba a subir a la plaza, y que tenía que estar con ella. Se quedó un poco extrañado, pero no hizo preguntas. vinieron las amigas de Elsa, así que ella también se fue. Me alejé de allí con ellas, hasta que me crucé con Elisa y mi grupo. Me despedí de Elsa y me acerqué a mis amigas.
Ninguna dio mucha importancia a que yo estuviese allí excepto Elisa y Ángela. Así que a Elisa la conté todos los detalles de la "cita" y a Ángela se lo conté desde el principio, ya que ella no sabía nada.
El resto de la noche pasó igual de rápido que las demás. Cuando llegué a casa, estaba tan cansada que me metí directamente en la cama. El día siguiente sería un día más relajado.
Salimos de allí y, bajo el paraguas, andamos a paso ligero hasta el lugar dónde habíamos quedado. Nos acercamos un poco, con vergüenza, y vimos que no había nadie. Pensamos que nos habían dado plantón. En cierta parte, me alegré. Así no tendría que pasarlo mal cuando le viera. Nos estábamos alejando comentando el ridículo que habíamos hecho al haber ido, cuando dos chicos acercaron hasta allí. Aram y Aaron. De repente, se esfumaron todos los nervios que tenía desde esa mañana. Nos acercamos a ellos, que nos recibieron con un pequeño beso. Adiós vergüenza también.
Llovía cada vez más y sólo teníamos un paraguas para cuatro personas. no sabíamos que hacer o a dónde ir, así que nos metimos en unos soportales. Aaron se acercó a Elsa, y yo me acerqué a Aram. No voy a entrar en detalles de lo que viene a continuación, os lo podéis imaginar. Sonrisas, besos, miradas. Pero ningún sentimiento, por parte de ninguno.
Después, fuimos a la plaza. Allí se juntaron con unos amigos, y Elsa y yo nos queríamos ir cada una por nuestra cuenta. Saqué el móvil y llamé a Elisa.
Yo: Prima... ¿dónde estáis?
E: Eh...¿prima?..¡Ah Sí!...estamos subiendo a la plaza. ¿Vas a venir ya?
Yo: Sí. Os espero aquí.
E: ¿Está A. a tu lado?
Yo: Sí jajaja
E: jajaja no me lo puedo creer. Bueno, ahora nos vemos.
Yo: Adiós.
Fin de la llamada. Menos mal que Elisa y yo nos entendemos a la perfección. Sabemos cómo hablar para que nadie a nuestro alrededor se entere del tema de la conversación o de con quién estamos hablando. Había sido una perfecta maniobra de escape. Le dije a Aram que mi prima iba a subir a la plaza, y que tenía que estar con ella. Se quedó un poco extrañado, pero no hizo preguntas. vinieron las amigas de Elsa, así que ella también se fue. Me alejé de allí con ellas, hasta que me crucé con Elisa y mi grupo. Me despedí de Elsa y me acerqué a mis amigas.
Ninguna dio mucha importancia a que yo estuviese allí excepto Elisa y Ángela. Así que a Elisa la conté todos los detalles de la "cita" y a Ángela se lo conté desde el principio, ya que ella no sabía nada.
El resto de la noche pasó igual de rápido que las demás. Cuando llegué a casa, estaba tan cansada que me metí directamente en la cama. El día siguiente sería un día más relajado.
CAPÍTULO 15.
"¡Despierta, que ya son las 8 y 20!". Miré el reloj. Las 08:03. Mi madre
exagerando la hora, como siempre. Me levanté de mala gana, no había
dormido nada esa noche. La última vez que miré el reloj antes de
quedarme dormida, fue a las 5:35. Estuve toda la noche pensando en el
encuentro con Aram del día siguiente. Me vestí. Vaqueros, camiseta y
botas marrones. Total, para ir a clase... Hacía frío, para variar. Me
bebí un vaso de leche rápidamente, me lavé la cara y me peiné. Me puse
la cazadora, cogí la mochila, y salimos de casa. El instituto está
lejos, así que me llevan en coche todos los días.
La mañana pasó despacio. No presté atención en ninguna clase. Tenía mucho sueño y demasiadas cosas en las que pensar. En el recreo, estaban planeando qué íbamos a hacer por la noche. Yo no dije nada, porque no sabía a qué hora iba a quedar con Aram, y tampoco quería contárselo a todas. Cuando sonó el timbre avisando de que el recreo se terminaba, cogí a Elisa y la llevé al baño para hablar. Al final, quedamos en que cuando no quisiera estar más con Aram, la llamaría para saber dónde estaban e ir con ellas. A las demás, las diríamos que tenía que ir a comprar unas cosas, y que cuando acabase, saldría con ellas. No quería mentirles, pero tampoco quería que se enterasen de la verdad.
cuando llegué a casa a las 3, revisé mis novedades en Tuenti. Elsa me dijo que por la mañana me mandaría un privado diciéndome a la hora que habíamos quedad y dónde. Efectivamente, me había mandado un mensaje. Decía que la pasara a buscara las 6 a la salida de su academia de inglés. Allí me explicaría en qué había quedado con ellos. ¡Que nervios! comí rápido y fui a mi habitación para cambiarme de ropa. No sabía que ponerme para la ocasión. No quería ir muy bien vestida, pero tampoco poco arreglada... Cuando por fin me decidí y me cambié de ropa, ya eran las 4 menos 10. A las 4, como todos los viernes, tenía clase de pintura. Fui a avisar a mi padre de que ya estaba lista, y montamos en el coche. Había empezado a llover.
La clase se me hizo eterna. A parte de estar pensando en las 6 de la tarde, Rebeca no había ido a clase, así que no tenía nadie con quién hablar hasta entonces. Cuando por fin llegaron las 6, me despedí de todos, y monté en el coche, camino a la academia de inglés de Elsa. Seguía lloviendo, y ahora más que antes. ¿Por qué tenía que llover justo ese día? En fin.
Antes de que mi padre parase, vi a Elsa esperándome bajo un paraguas. Menos mal que ella llevaba uno. Me despedí de mi padre, y bajé corriendo del coche hasta resguardarme debajo de su paraguas. Dos besos. Nervios. Las dos sabíamos que iba a ser una tarde difícil. Llevaba unos pantalones cortos negros y una camiseta blanca. Estaba muy guapa, pero muerta de frío; así que decidimos ir a su casa, para que se cambiase de ropa. Hasta la 7 no había quedado con Aaron y Aram, por lo que teníamos tiempo de sobra.
Mientras íbamos camino a su casa, me contó en qué había quedado con ellos y me puso al día. La tarde acababa de empezar.
La mañana pasó despacio. No presté atención en ninguna clase. Tenía mucho sueño y demasiadas cosas en las que pensar. En el recreo, estaban planeando qué íbamos a hacer por la noche. Yo no dije nada, porque no sabía a qué hora iba a quedar con Aram, y tampoco quería contárselo a todas. Cuando sonó el timbre avisando de que el recreo se terminaba, cogí a Elisa y la llevé al baño para hablar. Al final, quedamos en que cuando no quisiera estar más con Aram, la llamaría para saber dónde estaban e ir con ellas. A las demás, las diríamos que tenía que ir a comprar unas cosas, y que cuando acabase, saldría con ellas. No quería mentirles, pero tampoco quería que se enterasen de la verdad.
cuando llegué a casa a las 3, revisé mis novedades en Tuenti. Elsa me dijo que por la mañana me mandaría un privado diciéndome a la hora que habíamos quedad y dónde. Efectivamente, me había mandado un mensaje. Decía que la pasara a buscara las 6 a la salida de su academia de inglés. Allí me explicaría en qué había quedado con ellos. ¡Que nervios! comí rápido y fui a mi habitación para cambiarme de ropa. No sabía que ponerme para la ocasión. No quería ir muy bien vestida, pero tampoco poco arreglada... Cuando por fin me decidí y me cambié de ropa, ya eran las 4 menos 10. A las 4, como todos los viernes, tenía clase de pintura. Fui a avisar a mi padre de que ya estaba lista, y montamos en el coche. Había empezado a llover.
La clase se me hizo eterna. A parte de estar pensando en las 6 de la tarde, Rebeca no había ido a clase, así que no tenía nadie con quién hablar hasta entonces. Cuando por fin llegaron las 6, me despedí de todos, y monté en el coche, camino a la academia de inglés de Elsa. Seguía lloviendo, y ahora más que antes. ¿Por qué tenía que llover justo ese día? En fin.
Antes de que mi padre parase, vi a Elsa esperándome bajo un paraguas. Menos mal que ella llevaba uno. Me despedí de mi padre, y bajé corriendo del coche hasta resguardarme debajo de su paraguas. Dos besos. Nervios. Las dos sabíamos que iba a ser una tarde difícil. Llevaba unos pantalones cortos negros y una camiseta blanca. Estaba muy guapa, pero muerta de frío; así que decidimos ir a su casa, para que se cambiase de ropa. Hasta la 7 no había quedado con Aaron y Aram, por lo que teníamos tiempo de sobra.
Mientras íbamos camino a su casa, me contó en qué había quedado con ellos y me puso al día. La tarde acababa de empezar.
CAPÍTULO 14.
A la mañana siguiente me desperté temprano para hacer los deberes que me
habían mandado para el fin de semana. Matemáticas, lengua,
biología...pufff.... Encima, no podía parar de pensar en lo que me había
dicho Elsa, en Aram... Así era imposible concentrarse. Hice una parte
de los deberes, pero pronto me cansé al ver que no avanzaba. Encendí el
ordenador y esperé a que se cargara. Una eternidad, como siempre. Cuando
por fin se terminó de encender, entre en internet. Tumblr, Twitter,
Facebook y, por último, Tuenti. Me apetecía escuchar algo de
música...Youtube: you da one-Rihanna. Miré a ver si estaba conectada
Elsa, pero en vez de eso, vi que me había mandado un mensaje privado.
En el mensaje decía que no podía conectarse en toda la mañana, y seguramente, por la tarde tampoco, así que me explicaría por ahí el plan del que me habló el día anterior: Había quedado con Aaron en que ese viernes quedaríamos las dos parejas. Aaron y Elsa, yo y Aram. Enseguida le respondí que si estaba segura, que qué íbamos a hacer, y mil preguntas más, que en ese momento me asaltaban la cabeza. No había empezado la semana, y ya estaba pensando en el viernes. ¿Qué pasaría? ¿Qué haríamos todos juntos? ¿Qué haría él cuando me viera? ¡¡Me moría de vergüenza solo de pensarlo!!
Que nervios. Encima, tenía que esperar toda la semana para poderle ver... Necesitaba desahogarme. Cogí el teléfono y marqué el número de casa de Elisa para contárselo todo. Estuvimos hablando dos horas y media. Teníamos tantas cosas que contarnos, y tantos consejos que dar, que se nos pasó el tiempo volando. Llegó mi madre y, como siempre, estaba enfadad, así que nos despedimos, y fui a ayudarla con la comida.
El día pasó rápido y, para mi sorpresa, la semana también. Cuando me quise dar cuenta, ya era jueves. Al día siguiente, iba a ver a Aram.
En el mensaje decía que no podía conectarse en toda la mañana, y seguramente, por la tarde tampoco, así que me explicaría por ahí el plan del que me habló el día anterior: Había quedado con Aaron en que ese viernes quedaríamos las dos parejas. Aaron y Elsa, yo y Aram. Enseguida le respondí que si estaba segura, que qué íbamos a hacer, y mil preguntas más, que en ese momento me asaltaban la cabeza. No había empezado la semana, y ya estaba pensando en el viernes. ¿Qué pasaría? ¿Qué haríamos todos juntos? ¿Qué haría él cuando me viera? ¡¡Me moría de vergüenza solo de pensarlo!!
Que nervios. Encima, tenía que esperar toda la semana para poderle ver... Necesitaba desahogarme. Cogí el teléfono y marqué el número de casa de Elisa para contárselo todo. Estuvimos hablando dos horas y media. Teníamos tantas cosas que contarnos, y tantos consejos que dar, que se nos pasó el tiempo volando. Llegó mi madre y, como siempre, estaba enfadad, así que nos despedimos, y fui a ayudarla con la comida.
El día pasó rápido y, para mi sorpresa, la semana también. Cuando me quise dar cuenta, ya era jueves. Al día siguiente, iba a ver a Aram.
CAPÍTULO 13.
Me desperté por la mañana y rápidamente me conecté al Tuenti. Era
sábado, así que había mucha gente conectada y en seguida tenía 5
conversaciones abiertas, preguntándome por los chicos de ayer. Uno de
ellos, Pablo, al que no le di muchas explicaciones. Era el día de
halloween, y habíamos quedado en mi casa para preparar los disfraces
para salir esa noche. Revisé todas las notificaciones que tenía, hasta
llegar a las peticiones de amistad. 2. "Aram: holaaa, qué tal?? :) " y
"Aaron: hola soy el amigo de Aram, el de Elsa". Aceptar y aceptar. Me
metí en el perfil de Aram, y en menos de media hora, había visto todas
sus fotos, sus estados y parte de sus comentarios. También miré los
amigos que teníamos en común, y, para mi sorpresa, uno de ellos era
Rubén. Me estuve preguntando de qué se conocerían, hasta que me decidí a
preguntarle.
Yo: hola Rubén qué tal?
R: hola, bien y tuu??
Yo: muy bien :) oye, de qué conoces a Aram?
R: a Aram...ah si! Pues tenemos algunos amigos en común y hemos coincidido en algunos cumpleaños, por?
Yo: no, por nada :) y es majo?
R: sii, es majo, pero no le conozco mucho...
Yo: vale, muchas gracias :)
Bueno, por lo menos era majo.. o eso decían.
Después de comer, volví a conectarme, y él estaba conectado. Hablamos un poco, y al final, los dos tuvimos claro que nos gustábamos. También hablé con Elsa, que me dijo que ya se había puesto en contacto con el suyo, y que había hablado con Aram, y le había dicho que le gustaba mucho.
Hablamos todo el día. La verdad, es que me gustaba mucho. Al final de la tarde, me dijo que quería estar conmigo. Yo le contesté que sí que quería, pero no estaba segura de lo que acababa de hacer. Le acababa de conocer y solo le había visto una vez. Creo que le dije que sí por la presión. No quería perder la oportunidad de estar con él, aunque sentía que no le conocía lo suficiente. Sabía que si le decía que no, no volveríamos a hablar, y me arrepentiría. Siempre podía dejarle.
De repente, llamaron a la puerta. Eran Elisa, Claudia y Raquel, que venían a hacer los disfraces. Enseñé la conversación a Elisa, que estaba casi más emocionada que yo. Llegaron las demás, y nos pusimos a hacer los disfraces. No se lo conté a nadie más.
Por la noche, nos vestimos y fuimos a la plaza, dónde habíamos quedado con otro grupo de amigos. Cuando llegaron, bajamos a la discoteca del día anterior. Yo estaba nerviosa, no sabía si Aram estaría allí y tampoco estaba segura de si quería verle. Entramos, y nos acercamos a la barra. Eché un vistazo, y no vi a Aram ni a ninguno de sus amigos. Fue un alivio para mi, la verdad.
Estaba hablando con Claudia, cuando alguien me tocó el culo. Me di la vuelta pensando que sería Elisa, pero no. Era Pablo. Me quedé alucinada con lo que acababa de hacer. Le saludé rápidamente, y me fui. Estaba tan extrañada por lo que acababa de hacer, que no quería hablar con él. ¿Por qué había hecho eso? ¿Era por algo en especial, o solo era un saludo de amigos?... Tal vez era yo, que estaba paranoica. Dejé de pensarlo, y me puse a hablar con mis amigas. Llegó la hora de irnos, así que nos despedimos de la gente con la que estábamos, y salimos.
Subimos unos metros cuando vi a un grupo de chicos a lo lejos. Un grupo de chicos, en el que estaba Aram. Me puse muy nerviosa. Agarré del brazo a Elisa, y se lo conté. No quería encontrarme con él. No sabía por qué, pero no quería. Elisa me entendió sin necesidad de explicárselo, y me llevó por otra calle para que no me cruzase con él.
Llegué a casa tan nerviosa que no podía pensar en otra cosa, solo en Aram y en qué hubiera pasado si me hubiese cruzado con él. Me metí en la cama con el móvil y revisé el Twitter y el Tuenti, aunque no tenía ganas de hablar con nadie. Me iba a desconectar cuando Elsa me abrió una conversación por el chat.
E: tía, tía, tía, que fuerte!!
Yo: qué ha pasado??
E: Estoy saliendo con Aaron!!
Yo: aaaaaaah!!! Que bieen!!! ^^
E: Sí!! Ah! Estamos quedando en una cosa, mañana te cuento
Yo: quedando en una cosa?
E: si si si, pero mañana te cuento :)
Yo: buenooo.. vale :) hasta mañanaa , tequieroo :)
E: Adios te quierooo :)
Apagué el móvil. ¿Qué estaría planeando Elsa? Tendría que esperar al día siguiente para saberlo.
Yo: hola Rubén qué tal?
R: hola, bien y tuu??
Yo: muy bien :) oye, de qué conoces a Aram?
R: a Aram...ah si! Pues tenemos algunos amigos en común y hemos coincidido en algunos cumpleaños, por?
Yo: no, por nada :) y es majo?
R: sii, es majo, pero no le conozco mucho...
Yo: vale, muchas gracias :)
Bueno, por lo menos era majo.. o eso decían.
Después de comer, volví a conectarme, y él estaba conectado. Hablamos un poco, y al final, los dos tuvimos claro que nos gustábamos. También hablé con Elsa, que me dijo que ya se había puesto en contacto con el suyo, y que había hablado con Aram, y le había dicho que le gustaba mucho.
Hablamos todo el día. La verdad, es que me gustaba mucho. Al final de la tarde, me dijo que quería estar conmigo. Yo le contesté que sí que quería, pero no estaba segura de lo que acababa de hacer. Le acababa de conocer y solo le había visto una vez. Creo que le dije que sí por la presión. No quería perder la oportunidad de estar con él, aunque sentía que no le conocía lo suficiente. Sabía que si le decía que no, no volveríamos a hablar, y me arrepentiría. Siempre podía dejarle.
De repente, llamaron a la puerta. Eran Elisa, Claudia y Raquel, que venían a hacer los disfraces. Enseñé la conversación a Elisa, que estaba casi más emocionada que yo. Llegaron las demás, y nos pusimos a hacer los disfraces. No se lo conté a nadie más.
Por la noche, nos vestimos y fuimos a la plaza, dónde habíamos quedado con otro grupo de amigos. Cuando llegaron, bajamos a la discoteca del día anterior. Yo estaba nerviosa, no sabía si Aram estaría allí y tampoco estaba segura de si quería verle. Entramos, y nos acercamos a la barra. Eché un vistazo, y no vi a Aram ni a ninguno de sus amigos. Fue un alivio para mi, la verdad.
Estaba hablando con Claudia, cuando alguien me tocó el culo. Me di la vuelta pensando que sería Elisa, pero no. Era Pablo. Me quedé alucinada con lo que acababa de hacer. Le saludé rápidamente, y me fui. Estaba tan extrañada por lo que acababa de hacer, que no quería hablar con él. ¿Por qué había hecho eso? ¿Era por algo en especial, o solo era un saludo de amigos?... Tal vez era yo, que estaba paranoica. Dejé de pensarlo, y me puse a hablar con mis amigas. Llegó la hora de irnos, así que nos despedimos de la gente con la que estábamos, y salimos.
Subimos unos metros cuando vi a un grupo de chicos a lo lejos. Un grupo de chicos, en el que estaba Aram. Me puse muy nerviosa. Agarré del brazo a Elisa, y se lo conté. No quería encontrarme con él. No sabía por qué, pero no quería. Elisa me entendió sin necesidad de explicárselo, y me llevó por otra calle para que no me cruzase con él.
Llegué a casa tan nerviosa que no podía pensar en otra cosa, solo en Aram y en qué hubiera pasado si me hubiese cruzado con él. Me metí en la cama con el móvil y revisé el Twitter y el Tuenti, aunque no tenía ganas de hablar con nadie. Me iba a desconectar cuando Elsa me abrió una conversación por el chat.
E: tía, tía, tía, que fuerte!!
Yo: qué ha pasado??
E: Estoy saliendo con Aaron!!
Yo: aaaaaaah!!! Que bieen!!! ^^
E: Sí!! Ah! Estamos quedando en una cosa, mañana te cuento
Yo: quedando en una cosa?
E: si si si, pero mañana te cuento :)
Yo: buenooo.. vale :) hasta mañanaa , tequieroo :)
E: Adios te quierooo :)
Apagué el móvil. ¿Qué estaría planeando Elsa? Tendría que esperar al día siguiente para saberlo.
CAPÍTULO 12.
Fuimos a pedir un chupito a la barra, y me encontré con Pablo, mi
compañero de pintura. Me quedé un rato hablando con él, hasta que un
amigo suyo llegó y me dijo: "hola guapa, ¿quieres lio?". Le tuve que
poner una cara tan graciosa que se dio por contestado. ¿Cómo puede
decirme eso? ¿Se creía que soy así de fácil?Me despedí de Pablo, que se
disculpó por lo que me había dicho su amigo, y me di la vuelta,
alucinando por lo que me acababa de decir.
Justo antes de llegar donde estaban mis amigas, se acercó el chico alto, y me paró para que hablase con él:
Él: Hola
Y: Eh...ho...ho...hola
Él:*sonriendo* Un amigo mío dice que si le das tu Tuenti
Y:¿Un amigo? ¿Cómo? Eh..Bueno..yo...Vale.. Y le dije mi nombre y mis apellidos.
Me quedé a cuadros. Que vergüenza. No había tartamudeado más en mi vida. Me había quedado tan paralizada cuando se acercó, que no sabía ni que contestarle, y cuando se fue, no reaccioné, hasta que me fueron a buscar mis amigas. Seguro que el chico pensó que era tonta. Normal.
Les conté a mis amigas lo que había pasado, y se quedaron igual de alucinadas que yo. Y más, cuando el chico se volvió a acercar, esta vez a Elsa, para decirla que su amigo, quería su Tuenti. Elsa se lo dio corriendo, porque llevaba toda la noche detrás de aquel chico. Seguimos a lo nuestro hasta que llegó la hora de irse para Elsa y Enma. Salimos de la discoteca, y subimos la cuesta. Llegamos a la plaza, y me encontré con mi grupo de clase, así que me quedé con ellas, porque a mí me dejaban hasta más tarde.
Le conté todo lo que me había pasado a Elisa y a Raquel, que me tranquilizaron, porque yo estaba eufórica. Seguimos hablando, cuando, de repente, se acercó el chico que le gustaba a Elsa:
Él: Holaa
Y: Em...hola (?)
Él: ¿Qué te parece mi amigo? *señalando al chico alto*
Yo: Eh..¿qué?..eh..no se...yo...bueno...está bien...eh...
Se dio la vuelta, y fue a llamar al chico. Cuando vino con él, mis amigas dijeron "Bueno, vámonos que aquí sobramos". Así que me quedé sola con él.
Él: Em...bueno, pues me presento, soy Aram. *Dos besos*
Y: Yo soy Marina, encantada.
Él: Bueno...me das tu Tuenti?...
To: Sí, te lo apunto.
Mientras se lo estaba escribiendo en el móvil, llegó su amigo.
Él:¿Dónde has dejado a tu amiga?
Y:¿A Elsa? Es que tenía que irse ya, porque se iba de viaje.
ÉL: joder...
A: Bueno, nosotros nos vamos, encantado.
Y: Adiós.
Volví con mis amigas, y bajamos a dar una vuelta. Estaba alucinando con todo lo que me acababa de pasar. Cogí el móvil y llamé a Elsa para contarle toda la historia. Se quedó igual de alucinada que yo cuando la dije que me había preguntado por ella.
Se hizo tarde, y volví a casa. Revisé mis novedades rápidamente antes de meterme en la cama, pero no tenía nada. Lógico. Me acosté pensando en lo que había pasado, y en lo que podía pasar al día siguiente.
Justo antes de llegar donde estaban mis amigas, se acercó el chico alto, y me paró para que hablase con él:
Él: Hola
Y: Eh...ho...ho...hola
Él:*sonriendo* Un amigo mío dice que si le das tu Tuenti
Y:¿Un amigo? ¿Cómo? Eh..Bueno..yo...Vale.. Y le dije mi nombre y mis apellidos.
Me quedé a cuadros. Que vergüenza. No había tartamudeado más en mi vida. Me había quedado tan paralizada cuando se acercó, que no sabía ni que contestarle, y cuando se fue, no reaccioné, hasta que me fueron a buscar mis amigas. Seguro que el chico pensó que era tonta. Normal.
Les conté a mis amigas lo que había pasado, y se quedaron igual de alucinadas que yo. Y más, cuando el chico se volvió a acercar, esta vez a Elsa, para decirla que su amigo, quería su Tuenti. Elsa se lo dio corriendo, porque llevaba toda la noche detrás de aquel chico. Seguimos a lo nuestro hasta que llegó la hora de irse para Elsa y Enma. Salimos de la discoteca, y subimos la cuesta. Llegamos a la plaza, y me encontré con mi grupo de clase, así que me quedé con ellas, porque a mí me dejaban hasta más tarde.
Le conté todo lo que me había pasado a Elisa y a Raquel, que me tranquilizaron, porque yo estaba eufórica. Seguimos hablando, cuando, de repente, se acercó el chico que le gustaba a Elsa:
Él: Holaa
Y: Em...hola (?)
Él: ¿Qué te parece mi amigo? *señalando al chico alto*
Yo: Eh..¿qué?..eh..no se...yo...bueno...está bien...eh...
Se dio la vuelta, y fue a llamar al chico. Cuando vino con él, mis amigas dijeron "Bueno, vámonos que aquí sobramos". Así que me quedé sola con él.
Él: Em...bueno, pues me presento, soy Aram. *Dos besos*
Y: Yo soy Marina, encantada.
Él: Bueno...me das tu Tuenti?...
To: Sí, te lo apunto.
Mientras se lo estaba escribiendo en el móvil, llegó su amigo.
Él:¿Dónde has dejado a tu amiga?
Y:¿A Elsa? Es que tenía que irse ya, porque se iba de viaje.
ÉL: joder...
A: Bueno, nosotros nos vamos, encantado.
Y: Adiós.
Volví con mis amigas, y bajamos a dar una vuelta. Estaba alucinando con todo lo que me acababa de pasar. Cogí el móvil y llamé a Elsa para contarle toda la historia. Se quedó igual de alucinada que yo cuando la dije que me había preguntado por ella.
Se hizo tarde, y volví a casa. Revisé mis novedades rápidamente antes de meterme en la cama, pero no tenía nada. Lógico. Me acosté pensando en lo que había pasado, y en lo que podía pasar al día siguiente.
CAPÍTULO 11.
Se acercaba el cumpleaños de una compañera de mi academia de baile,
Elsa, así que nos dijo que el viernes podíamos ir a tomar unas pizzas y
después a una discoteca nueva, en la que había una fiesta esa noche,
para celebrarlo. Llegó el día, y nos juntamos Elsa, Enma, Laura y yo.
Aunque somos pocas, no necesitamos a nadie más para pasárnoslo bien.
Fuimos a la pizzería, y nos contamos alguna novedad, nos reímos, cotilleamos e hicimos el tonto. Lo típico que se hace en cualquier cumpleaños. Le dimos nuestros regalos y, después, nos fuimos. Pasamos por la plaza para ver quién había y para comprar unos chicles. Toda la gente de nuestra edad queda allí para después bajar a la calle donde están todas las discotecas. Compramos los chicles y hablamos con algunos amigos que estaban por allí. Bajamos hasta la discoteca, y vimos que había mucha gente a la puerta, así que no sabíamos que hacer. Elsa decía que si la gente estaba fuera, era porque la fiesta no era buena. No tenía ganas de entrar. Por el contrario, Enma decía que la fiesta seguro que estaba bien, y que había mucha gente, por eso estaban a la puerta. Laura y yo, no opinamos, aunque las dos pensábamos que era mejor irnos a otros sitio.
Al final, Enma nos convenció, y entramos. Al principio, no nos estábamos divirtiendo mucho, porque no había mucha gente, así que salimos a la terraza. Al tercer chupito, la fiesta parecía más interesante.
Nos pusimos a bailar en la tarima, desde donde veíamos a todos los que entraban y salían de la discoteca. De repente, Enma se acercó, y me dijo:
E: Tía, mira ese alto que acaba de entrar, ¡esta buenísimo!
Y: Dioos ¿de dónde ha salido? Vamos a acercarnos un poco.
Nos acercamos a él y a sus amigos disimuladamente, y bailamos allí. Elsa estaba pendiente de uno de los amigos de ese chico, porque ya le había visto más veces, y le parecía muy guapo. Laura, Enma y yo, salíamos de la discoteca cuando salía nuestro chico, y bailábamos cerca de él. Era guapísimo. Alto, de piel morena y ojos grandes y oscuros. Tenía una sonrisa de anuncio de pasta de dientes. Perfecta. Seguimos bailando cerca de él, y persiguiéndole por toda la discoteca casi toda la noche. Lo hacíamos para divertirnos y pasar el tiempo. Todas sabíamos que no se iba a fijar en nosotras por mucho que bailásemos y le mirásemos. O eso creíamos.
Fuimos a la pizzería, y nos contamos alguna novedad, nos reímos, cotilleamos e hicimos el tonto. Lo típico que se hace en cualquier cumpleaños. Le dimos nuestros regalos y, después, nos fuimos. Pasamos por la plaza para ver quién había y para comprar unos chicles. Toda la gente de nuestra edad queda allí para después bajar a la calle donde están todas las discotecas. Compramos los chicles y hablamos con algunos amigos que estaban por allí. Bajamos hasta la discoteca, y vimos que había mucha gente a la puerta, así que no sabíamos que hacer. Elsa decía que si la gente estaba fuera, era porque la fiesta no era buena. No tenía ganas de entrar. Por el contrario, Enma decía que la fiesta seguro que estaba bien, y que había mucha gente, por eso estaban a la puerta. Laura y yo, no opinamos, aunque las dos pensábamos que era mejor irnos a otros sitio.
Al final, Enma nos convenció, y entramos. Al principio, no nos estábamos divirtiendo mucho, porque no había mucha gente, así que salimos a la terraza. Al tercer chupito, la fiesta parecía más interesante.
Nos pusimos a bailar en la tarima, desde donde veíamos a todos los que entraban y salían de la discoteca. De repente, Enma se acercó, y me dijo:
E: Tía, mira ese alto que acaba de entrar, ¡esta buenísimo!
Y: Dioos ¿de dónde ha salido? Vamos a acercarnos un poco.
Nos acercamos a él y a sus amigos disimuladamente, y bailamos allí. Elsa estaba pendiente de uno de los amigos de ese chico, porque ya le había visto más veces, y le parecía muy guapo. Laura, Enma y yo, salíamos de la discoteca cuando salía nuestro chico, y bailábamos cerca de él. Era guapísimo. Alto, de piel morena y ojos grandes y oscuros. Tenía una sonrisa de anuncio de pasta de dientes. Perfecta. Seguimos bailando cerca de él, y persiguiéndole por toda la discoteca casi toda la noche. Lo hacíamos para divertirnos y pasar el tiempo. Todas sabíamos que no se iba a fijar en nosotras por mucho que bailásemos y le mirásemos. O eso creíamos.
CAPÍTULO 10.
Tercero ha sido uno de los mejores cursos de mi vida. Teníamos a todos
los "graciosos" en clase, y nos lo pasábamos genial. Aunque el grupo
estaba dividido, nos lo pasábamos mejor que nunca por las noches. Sobre
todo, porque empezamos a salir con chicos. Ahora el grupo estaba formado
por: Elisa, Idoya, Raquel, Paula, Andrea, Lucía, Ángela, Alicia,
Sergio, Javier (que son primos), Pablo, Alonso, Sebastián, y , a veces,
Angélica, Irene y otros amigos de los chicos.
Elisa y yo, ahora trabajábamos juntas posando para varias tiendas y marcas de ropa, así que pasábamos mucho tiempo juntas.
Durante el curso pasaron muchas cosas dentro del grupo. Elisa y Javier salieron un tiempo, Raquel empezó a salir con un chico, y más tarde, nos enteramos de que le había puesto los cuernos con otro del instituto de al lado. Andrea ahora tonteaba con todos los chico que podía y cada vez nos caía peor a todas. También nos enteramos de que Paula lo había echo con su exnovio y no nos lo había contado, e Idoya y su novio, tenían muchas discursiones. Raquel y ella se enfadaron porque Idoya dejó de salir los viernes con nosotras para irse con él, y a Raquel le molestaba que nos dejase tiradas. Idoya decía que eso no era verdad, y se enfadaron. A mi me molestaba que a veces se fuera con él pudiéndose venir con nosotras, pero la entendía, y no me sentaba mal que lo hiciese. ¿A quién no le gustaría por hacer eso? Siempre decíamos que queríamos un novio como el suyo, así que supongo que Raquel solo tenía envidia.
Pero las cosas interesantes para mi en este curso, no tuvieron nada que ver con el grupo.
Elisa y yo, ahora trabajábamos juntas posando para varias tiendas y marcas de ropa, así que pasábamos mucho tiempo juntas.
Durante el curso pasaron muchas cosas dentro del grupo. Elisa y Javier salieron un tiempo, Raquel empezó a salir con un chico, y más tarde, nos enteramos de que le había puesto los cuernos con otro del instituto de al lado. Andrea ahora tonteaba con todos los chico que podía y cada vez nos caía peor a todas. También nos enteramos de que Paula lo había echo con su exnovio y no nos lo había contado, e Idoya y su novio, tenían muchas discursiones. Raquel y ella se enfadaron porque Idoya dejó de salir los viernes con nosotras para irse con él, y a Raquel le molestaba que nos dejase tiradas. Idoya decía que eso no era verdad, y se enfadaron. A mi me molestaba que a veces se fuera con él pudiéndose venir con nosotras, pero la entendía, y no me sentaba mal que lo hiciese. ¿A quién no le gustaría por hacer eso? Siempre decíamos que queríamos un novio como el suyo, así que supongo que Raquel solo tenía envidia.
Pero las cosas interesantes para mi en este curso, no tuvieron nada que ver con el grupo.
CAPÍTULO 9.
Pasó el verano, y tan solo quedaban unos días para empezar las clases.
Lucas, era uno de mis mejores amigos. Hablábamos todos los días, pero
ninguno quería que fuese más que amistad, así que por miedo a
"enamorarnos" dejamos de hablar, aunque seguimos en contacto.
Empezó el curso, y como siempre, me tocó sola en clase. Bueno, esta vez con Raquel. Irene y Angélica también estaban en nuestra clase, así que no estaba tan mal.
Las cosas en el grupo cambiaron desde la primera semana. Yo seguía yéndome con Elisa, pero cada vez me llevaba mejor con Raquel. Idoya ahora tenía novio, así que estaba un poco ausente. Paula y Andrea cada vez se llevaban peor, y nos caían peor a las demás. Irene y Ángelica, se acoplaron al grupo. En el instituto no se venían con nosotras, pero cuando salíamos por las noches, sí. Nos molestaba un poco, pero no dijimos nada, porque cuanta más gente, mejor. También vino Ángela, una chica un año mayor, que otros años se venía con nosotras, pero no era oficialmente del grupo, hasta este año. A ella le tocó en la clase de Alicia, que estaba cada vez más ausente.
Tan ausente, que ninguna se enteró de lo que la pasaba en el último trimestre hasta que Ángela le dio la noticia a Idoya. Después, Idoya se lo contó a Elisa, y ella, a mí.
Y la noticia era...que Alicia estaba embarazada. 14 años, y embarazada. Ni siquiera había cumplido los 15. Embarazada. Una chica de nuestro grupo embarazada. Todavía hoy recuerdo el momento exacto en el que me lo contaron, y la cara que puse. Impresionante. Embarazada. Ya me había quedado sorprendida cuando me contaron que ella y Antonio lo había hecho en su coche, pero con esta noticia, no podía más.
Ella nunca dijo nada a nadie, solo a Ángela, que más tarde nos contó que había abortado a los pocos días, así que nosotras tampoco sacamos el tema en el resto del curso.
Siempre había visto los programas de la televisión, donde se ven a madres adolescentes criar a sus hijos, pero nunca me había planteado que pasase algo así tan cerca de mí. Ya hubo una chica embarazada en el instituto, que ese curso había dado a luz. Pero no te parece real.
Desde ese momento, me tomé en serio la típica frase que dicen todos los padres de todo el planeta "Ten cuidado con lo que haces, y si no, atente a las consecuencias".
Nunca te das cuenta de que las cosas pasan de verdad, hasta que suceden cerca de ti.
Empezó el curso, y como siempre, me tocó sola en clase. Bueno, esta vez con Raquel. Irene y Angélica también estaban en nuestra clase, así que no estaba tan mal.
Las cosas en el grupo cambiaron desde la primera semana. Yo seguía yéndome con Elisa, pero cada vez me llevaba mejor con Raquel. Idoya ahora tenía novio, así que estaba un poco ausente. Paula y Andrea cada vez se llevaban peor, y nos caían peor a las demás. Irene y Ángelica, se acoplaron al grupo. En el instituto no se venían con nosotras, pero cuando salíamos por las noches, sí. Nos molestaba un poco, pero no dijimos nada, porque cuanta más gente, mejor. También vino Ángela, una chica un año mayor, que otros años se venía con nosotras, pero no era oficialmente del grupo, hasta este año. A ella le tocó en la clase de Alicia, que estaba cada vez más ausente.
Tan ausente, que ninguna se enteró de lo que la pasaba en el último trimestre hasta que Ángela le dio la noticia a Idoya. Después, Idoya se lo contó a Elisa, y ella, a mí.
Y la noticia era...que Alicia estaba embarazada. 14 años, y embarazada. Ni siquiera había cumplido los 15. Embarazada. Una chica de nuestro grupo embarazada. Todavía hoy recuerdo el momento exacto en el que me lo contaron, y la cara que puse. Impresionante. Embarazada. Ya me había quedado sorprendida cuando me contaron que ella y Antonio lo había hecho en su coche, pero con esta noticia, no podía más.
Ella nunca dijo nada a nadie, solo a Ángela, que más tarde nos contó que había abortado a los pocos días, así que nosotras tampoco sacamos el tema en el resto del curso.
Siempre había visto los programas de la televisión, donde se ven a madres adolescentes criar a sus hijos, pero nunca me había planteado que pasase algo así tan cerca de mí. Ya hubo una chica embarazada en el instituto, que ese curso había dado a luz. Pero no te parece real.
Desde ese momento, me tomé en serio la típica frase que dicen todos los padres de todo el planeta "Ten cuidado con lo que haces, y si no, atente a las consecuencias".
Nunca te das cuenta de que las cosas pasan de verdad, hasta que suceden cerca de ti.
CAPÍTULO 8.
Llegó el verano, y entre la piscina y los amigos, cuando me quise dar cuenta, ya era Agosto.
En ese mes, mis padres, mi hermana y yo fuimos a la casa que mi prima tiene en una ciudad de Galicia, dónde estuvimos 10 días. 10 días, que justo coincidían con las fiestas de allí. Yo pensaba que las fiestas de mi ciudad eran perfectas, y que seguramente, eran de las mejores de España, hasta que vi lo que hacían allí.
Todas las noches había conciertos y fiestas en la plaza, dónde se juntaban miles de personas, a bailar y a pasárselo bien. Así que mi hermana y yo, después de cenar, nos arreglábamos y salíamos a darlo todo.
La última noche, había un festival de DJs, y había más gente que otros días. Salimos de casa sin muchas ganas de fiesta, pero cuando vimos la fiesta que había organizada, y el calor que hacía, nos animamos. Fuimos avanzando entre la gente, hasta que encontramos un hueco, y empezamos a bailar. Había chicos guapos, de todas las edades y para todos los gustos. Pero yo, me quedé totalmente enamorada de un chico, de entre 15 y 16 años, con el que rápido empecé a intercambiar miradas. Me daba vergüenza acercarme a hablar con él, porque estaba mi hermana, y tampoco sabía si a él le gustaba.
Cada vez que yo le miraba, me encontraba con sus perfectos ojos azules y su gran sonrisa. Se acercaba la hora de irnos, y ninguna estábamos por la labor de hacerlo. Mi hermana se había unido a un grupo de chicos y chicas de su edad, y yo, había perdido de vista a mi chico, así que estaba muy ocupada buscándolo. Pero, de repente, sentí que una mano se me ponía sobre el hombro derecho, así que me giré pensando que era mi hermana, para decirme que nos íbamos.
Pero no, no era mi hermana. Era aquel chico, que sin darme tiempo a reaccionar, se acercó, y me beso. No se si se dio cuenta de lo nerviosa y extrañada que estaba. Casi no me había dado tiempo a reconocerle, cuando nuestros labios se juntaron. Mi cara en aquel momento, tenía que ser ridícula.
Perdí totalmente la noción del tiempo con él. Cuando nos separamos, miré al rededor, y vi que mi hermana seguía hablando con los mismos chicos. Miré el reloj, y vi que había pasado casi una hora.
Rápidamente le di mi Tuenti y mi número al chico, me despedí de él con un beso, y fui corriendo hacía mi hermana, rezando para que no hubiera visto nada.
Cuando le dije la hora que era, se quedó blanca. Se despidió de los chicos, y salimos corriendo. Las dos sabíamos que habíamos metido la pata. Estuvimos todo el camino en silencio, excepto por algún "¡Corre!" , "Joder...", "¡¡Venga tía!!" etc. Nos esperábamos lo peor cuando llegamos a casa. En cambio, nos encontramos todas las luces apagadas, y a mis padres, durmiendo. Entramos de puntillas en la habitación que compartíamos, y, como un acto reflejo, sonreímos. "No cantes victoria, puede que se hallan ido a acostar hace poco, seguro que saben que hemos llegado tarde, ya verás mañana" Me dijo mi hermana. La di la razón, y me metí en la cama. Estuve horas pensando en lo que había pasado, y en lo que podía pasar al día siguiente con nuestros padres.
Afortunadamente, al día siguiente, mis padres no comentaron nada, no se habían enterado de la hora a la que llegamos, o no quisieron decirnos nada. Yo me conecté antes de entrar en el coche para volver a casa, y revisé todas las notificaciones que tenía. Dejé Twitter, Facebook y Tumblr para cuando llegase a casa, e inicié sesión directamente en Tuenti. Una petición de amistad. Se dibujó una sonrisa en mi cara. "Lucas: holaaa, soy el chico de ayer, espero que tengas un buen viaje de vuelta, ya hablaremos. Un beso ;) " Aceptar.
En ese mes, mis padres, mi hermana y yo fuimos a la casa que mi prima tiene en una ciudad de Galicia, dónde estuvimos 10 días. 10 días, que justo coincidían con las fiestas de allí. Yo pensaba que las fiestas de mi ciudad eran perfectas, y que seguramente, eran de las mejores de España, hasta que vi lo que hacían allí.
Todas las noches había conciertos y fiestas en la plaza, dónde se juntaban miles de personas, a bailar y a pasárselo bien. Así que mi hermana y yo, después de cenar, nos arreglábamos y salíamos a darlo todo.
La última noche, había un festival de DJs, y había más gente que otros días. Salimos de casa sin muchas ganas de fiesta, pero cuando vimos la fiesta que había organizada, y el calor que hacía, nos animamos. Fuimos avanzando entre la gente, hasta que encontramos un hueco, y empezamos a bailar. Había chicos guapos, de todas las edades y para todos los gustos. Pero yo, me quedé totalmente enamorada de un chico, de entre 15 y 16 años, con el que rápido empecé a intercambiar miradas. Me daba vergüenza acercarme a hablar con él, porque estaba mi hermana, y tampoco sabía si a él le gustaba.
Cada vez que yo le miraba, me encontraba con sus perfectos ojos azules y su gran sonrisa. Se acercaba la hora de irnos, y ninguna estábamos por la labor de hacerlo. Mi hermana se había unido a un grupo de chicos y chicas de su edad, y yo, había perdido de vista a mi chico, así que estaba muy ocupada buscándolo. Pero, de repente, sentí que una mano se me ponía sobre el hombro derecho, así que me giré pensando que era mi hermana, para decirme que nos íbamos.
Pero no, no era mi hermana. Era aquel chico, que sin darme tiempo a reaccionar, se acercó, y me beso. No se si se dio cuenta de lo nerviosa y extrañada que estaba. Casi no me había dado tiempo a reconocerle, cuando nuestros labios se juntaron. Mi cara en aquel momento, tenía que ser ridícula.
Perdí totalmente la noción del tiempo con él. Cuando nos separamos, miré al rededor, y vi que mi hermana seguía hablando con los mismos chicos. Miré el reloj, y vi que había pasado casi una hora.
Rápidamente le di mi Tuenti y mi número al chico, me despedí de él con un beso, y fui corriendo hacía mi hermana, rezando para que no hubiera visto nada.
Cuando le dije la hora que era, se quedó blanca. Se despidió de los chicos, y salimos corriendo. Las dos sabíamos que habíamos metido la pata. Estuvimos todo el camino en silencio, excepto por algún "¡Corre!" , "Joder...", "¡¡Venga tía!!" etc. Nos esperábamos lo peor cuando llegamos a casa. En cambio, nos encontramos todas las luces apagadas, y a mis padres, durmiendo. Entramos de puntillas en la habitación que compartíamos, y, como un acto reflejo, sonreímos. "No cantes victoria, puede que se hallan ido a acostar hace poco, seguro que saben que hemos llegado tarde, ya verás mañana" Me dijo mi hermana. La di la razón, y me metí en la cama. Estuve horas pensando en lo que había pasado, y en lo que podía pasar al día siguiente con nuestros padres.
Afortunadamente, al día siguiente, mis padres no comentaron nada, no se habían enterado de la hora a la que llegamos, o no quisieron decirnos nada. Yo me conecté antes de entrar en el coche para volver a casa, y revisé todas las notificaciones que tenía. Dejé Twitter, Facebook y Tumblr para cuando llegase a casa, e inicié sesión directamente en Tuenti. Una petición de amistad. Se dibujó una sonrisa en mi cara. "Lucas: holaaa, soy el chico de ayer, espero que tengas un buen viaje de vuelta, ya hablaremos. Un beso ;) " Aceptar.
CAPÍTULO 7.
A la vez que pasó todo lo de Cody, el curso seguía, y yo no me daba cuenta.
Se me atravesaron las matemáticas. Tanto, que en el segundo trimestre, el profesor me aprobó con un 4.6. La bronca que me calló en casa fue más suave de lo que me esperaba. Aunque era un 5, y estaba aprobado, yo nunca había bajado del 7 en las notas, y fue un palo tremendo. En el siguiente trimestre empecé a dar clases antes de cada examen con mi tía, y las notas comenzaron a subir, aunque todavía hoy, sigo teniendo problemas con esa signatura.
Uno de los peores momentos del año fue, cuando el día anterior a noche buena, mi madre llegó a casa, se acercó a mi hermana y a mi, y nos dio la noticia de que mi abuela se había muerto.
Se me calló el mundo a los pies. No sabía que hacer. Me quedé paralizada, ni siquiera podía llorar. Recuerdo ese día perfectamente, igual que la cena de noche buena. Siempre nos reunimos los primos y tíos por parte de mi madre en una casa a cenar. Cómo mi abuela era de parte de la familia de mi padre, todos estaban felices, así que mi hermana y yo, estábamos un poco desplazadas del resto, no queríamos pasarlo bien.
Los días pasaban, y los recuerdos se iban. Esa Semana Santa, hice un viaje a Lisboa con mi escuela de pintura. El año anterior habíamos ido a Bilbao, pero la idea de ir fuera de España, con mis amigos y sin padres, era genial. Fue uno de los mejores viajes que hice, donde descubrí a otra de mis mejores amigas, Rebeca. También se me presentó la oportunidad de tener algo con Pablo, un chico de la escuela del que era muy amiga. No me terminé de creer que quisiese algo conmigo, así que lo dejé pasar. Además, no me gustaba, no le veía guapo, y aunque era muy majo, no me atraía.
Los días seguían pasando y pronto me dieron una gran noticia: podía volver a ser modelo!
Fui modelo de pequeña para varias marcas de ropa para bebés y niños. Cuando empecé el instituto lo dejé, porque ya era muy mayor para promocionar ropa para niños tan pequeños, y no me salió ningún trabajo más. O más bien, no lo busqué. Siempre me encantó la idea de ser modelo, aunque nunca consideré que tenía un buen cuerpo ni que era guapa.
Me ofrecieron la oportunidad de ser modelo de una tienda de ropa de marca de aquí, y acepté encantada.
Entre clases, flashes de cámara, risas y llantos, se pasó el curso.
Se me atravesaron las matemáticas. Tanto, que en el segundo trimestre, el profesor me aprobó con un 4.6. La bronca que me calló en casa fue más suave de lo que me esperaba. Aunque era un 5, y estaba aprobado, yo nunca había bajado del 7 en las notas, y fue un palo tremendo. En el siguiente trimestre empecé a dar clases antes de cada examen con mi tía, y las notas comenzaron a subir, aunque todavía hoy, sigo teniendo problemas con esa signatura.
Uno de los peores momentos del año fue, cuando el día anterior a noche buena, mi madre llegó a casa, se acercó a mi hermana y a mi, y nos dio la noticia de que mi abuela se había muerto.
Se me calló el mundo a los pies. No sabía que hacer. Me quedé paralizada, ni siquiera podía llorar. Recuerdo ese día perfectamente, igual que la cena de noche buena. Siempre nos reunimos los primos y tíos por parte de mi madre en una casa a cenar. Cómo mi abuela era de parte de la familia de mi padre, todos estaban felices, así que mi hermana y yo, estábamos un poco desplazadas del resto, no queríamos pasarlo bien.
Los días pasaban, y los recuerdos se iban. Esa Semana Santa, hice un viaje a Lisboa con mi escuela de pintura. El año anterior habíamos ido a Bilbao, pero la idea de ir fuera de España, con mis amigos y sin padres, era genial. Fue uno de los mejores viajes que hice, donde descubrí a otra de mis mejores amigas, Rebeca. También se me presentó la oportunidad de tener algo con Pablo, un chico de la escuela del que era muy amiga. No me terminé de creer que quisiese algo conmigo, así que lo dejé pasar. Además, no me gustaba, no le veía guapo, y aunque era muy majo, no me atraía.
Los días seguían pasando y pronto me dieron una gran noticia: podía volver a ser modelo!
Fui modelo de pequeña para varias marcas de ropa para bebés y niños. Cuando empecé el instituto lo dejé, porque ya era muy mayor para promocionar ropa para niños tan pequeños, y no me salió ningún trabajo más. O más bien, no lo busqué. Siempre me encantó la idea de ser modelo, aunque nunca consideré que tenía un buen cuerpo ni que era guapa.
Me ofrecieron la oportunidad de ser modelo de una tienda de ropa de marca de aquí, y acepté encantada.
Entre clases, flashes de cámara, risas y llantos, se pasó el curso.
CAPÍTULO 6.
Otra de las oportunidades que tuve de estar con alguien fue con Cody, el
hermanastro de Sergio. Hablábamos desde comienzos de curso, y llegamos a
ser mejores amigos. Después me dijo que me quería como algo más y,
aunque yo no me lo llegué a creer, cada vez hablábamos más, y me gustaba
más. Se podría decir que éramos una pareja sin serlo. Hablábamos todos
los días, nos reíamos y discutíamos como una pareja de verdad. Habría
pasado algo si no fuera por 3 pequeños detalles...
1: Él es australiano y, aunque vivía en España desde hacía años, siempre que podía se iba de aquí, por lo que no nos podíamos ver.
2: Él y Sergio siempre fueron amigos, y además ahora eran hermanastros... No queríamos tener problemas con Sergio.
3: Es famoso. Hacía vídeos graciosos en youtube, y, aunque en España no es conocido, en Australia y en Delawere (donde nació y donde hacía la mayoría de los vídeos) sí que lo era.
A estas cosas, se les fueron sumando otras, hasta que el círculo donde nos habíamos metido explotó. Discutimos, y aunque después lo arreglamos, las cosas cambiaron.
Nunca os enamoréis de alguien que no podéis tener.
1: Él es australiano y, aunque vivía en España desde hacía años, siempre que podía se iba de aquí, por lo que no nos podíamos ver.
2: Él y Sergio siempre fueron amigos, y además ahora eran hermanastros... No queríamos tener problemas con Sergio.
3: Es famoso. Hacía vídeos graciosos en youtube, y, aunque en España no es conocido, en Australia y en Delawere (donde nació y donde hacía la mayoría de los vídeos) sí que lo era.
A estas cosas, se les fueron sumando otras, hasta que el círculo donde nos habíamos metido explotó. Discutimos, y aunque después lo arreglamos, las cosas cambiaron.
Nunca os enamoréis de alguien que no podéis tener.
CAPÍTULO 5.
Andrea vive en una calle un poco alejada, donde no es muy seguro pasar sola, así que la acompañamos a a su casa todas un viernes por la
noche. En el camino, Idoya, Alicia y Andera, iban hablando sobre los 3
chicos que caminaban detrás de nosotras. Según decían, uno de ellos
estaba "buenísimo", Idoya ya le había visto más de una vez por la
ciudad,pero yo y Elisa, estábamos hablando de nuestras cosas, así que no
nos fijamos. Cuando dejamos a Andrea en casa, regresamos por donde
habíamos venido, pero esta vez, éramos nostras las que íbamos detrás de
los 3 chicos, y parecía que les estábamos siguiendo.
En una parte del camino empezó a haber más gente, así que les perdimos de vista. No volvimos a verlos. Yo tenía frío, así que les dije a las chicas que me acompañaran a casa. Mientras andábamos, empezamos a oír a 2 chicos gritar nombres a unos metros detrás de nosotras. Idoya se dio la vueslta disimuladamente, y vio que eran dos de los chicos de antes, uno de ellos, el "guapo".
Se dedicaron la mitad del camino a gritar nombres al azar, para ver sinos girábamos al escuchar alguno, y así adivinar cómo nos llamábamos.
Nos estaban siguiendo y ninguna sabíamos por qué, pero ellas tenían un poco de miedo. Yo estaba tranquila, no nos iban a hacer nada, éramos 4 chicas, y ellos eran 2, y no tenían pinta de"malos". Abrí la puerta del portal lo más deprisa que pude, porque las chicas me estaban poniendo nerviosa porque ellos seguían detrás de nosotras. Nos metimos todas en el portal, viendo como subían las escaleras del patio. Yo decidí irme a casa, y ellas se fueron, porque los chicos ya se habían ido. O eso parecía.
Para sorpresa de idoya, no se habían ido; estaban escondidos cada uno a un lado de la puerta, y cuando la abrió para salir, se escuchó un "BUUUUUUUUUUUUUUUU!!!!!" de una voz de chico, seguido de un "AAAAAAAAAAAHHHH!!!" de la voz de Idoya. Yo ya estaba en casa, mirando por la ventana, riéndome como nunca, viendo cómo el chico "guapo" y su amigo se iban riéndose, y a Idoya la daba un ataque al corazón del susto.
La cosa quedó ahí, pero pasados unos días, me enteré de que Idoya, como sabía el nombre del chico, le había agregado al Tuenti..."Te parece normal eso de ir asustando a la gente por la calle?jaja" y poco más tarde, Tuenti la avisó de que el chico había aceptado su petición de amistad. Pero la sorpresa fue cuando me dijeron que habían estado hablando... de mí!! Idoya me pasó la conversación que tuvieron, que decía algo así:
I: Casi me muero del susto!!
Él: jajaja fue muy gracioso
I: A mi no me hizo ninguna gracia majo....
Él: a mi siiiii jajaja por cierto, cómo se llama la chica que se quedó dentro del portal?
I: espera, que te paso su tuenti
Él: OK
Me quedé a cuadros, bueno, ¿quién no se quedaría a cuadros? Nunca pensé que nos seguían por mi. Pero..¿Por qué preguntaba por mi?
Me agregó, y empezamos a hablar. No tardamos en tener 100 privados, y más de una conversación por el chat. Era muy majo, y me parecía muy guapo, pero nunca me llegó a gustar mucho. Supongo que tenía siempre en la cabeza que él tenía 17 años, y yo 14. No se que pasó, pero dejamos de hablar, y perdí totalmente mi oportunidad de que pasase algo con él. Me arrepentí entonces, y me arrepiento ahora.
En la vida hay que ser más lanzado, si no quieres perder grandes oportunidades.
En una parte del camino empezó a haber más gente, así que les perdimos de vista. No volvimos a verlos. Yo tenía frío, así que les dije a las chicas que me acompañaran a casa. Mientras andábamos, empezamos a oír a 2 chicos gritar nombres a unos metros detrás de nosotras. Idoya se dio la vueslta disimuladamente, y vio que eran dos de los chicos de antes, uno de ellos, el "guapo".
Se dedicaron la mitad del camino a gritar nombres al azar, para ver sinos girábamos al escuchar alguno, y así adivinar cómo nos llamábamos.
Nos estaban siguiendo y ninguna sabíamos por qué, pero ellas tenían un poco de miedo. Yo estaba tranquila, no nos iban a hacer nada, éramos 4 chicas, y ellos eran 2, y no tenían pinta de"malos". Abrí la puerta del portal lo más deprisa que pude, porque las chicas me estaban poniendo nerviosa porque ellos seguían detrás de nosotras. Nos metimos todas en el portal, viendo como subían las escaleras del patio. Yo decidí irme a casa, y ellas se fueron, porque los chicos ya se habían ido. O eso parecía.
Para sorpresa de idoya, no se habían ido; estaban escondidos cada uno a un lado de la puerta, y cuando la abrió para salir, se escuchó un "BUUUUUUUUUUUUUUUU!!!!!" de una voz de chico, seguido de un "AAAAAAAAAAAHHHH!!!" de la voz de Idoya. Yo ya estaba en casa, mirando por la ventana, riéndome como nunca, viendo cómo el chico "guapo" y su amigo se iban riéndose, y a Idoya la daba un ataque al corazón del susto.
La cosa quedó ahí, pero pasados unos días, me enteré de que Idoya, como sabía el nombre del chico, le había agregado al Tuenti..."Te parece normal eso de ir asustando a la gente por la calle?jaja" y poco más tarde, Tuenti la avisó de que el chico había aceptado su petición de amistad. Pero la sorpresa fue cuando me dijeron que habían estado hablando... de mí!! Idoya me pasó la conversación que tuvieron, que decía algo así:
I: Casi me muero del susto!!
Él: jajaja fue muy gracioso
I: A mi no me hizo ninguna gracia majo....
Él: a mi siiiii jajaja por cierto, cómo se llama la chica que se quedó dentro del portal?
I: espera, que te paso su tuenti
Él: OK
Me quedé a cuadros, bueno, ¿quién no se quedaría a cuadros? Nunca pensé que nos seguían por mi. Pero..¿Por qué preguntaba por mi?
Me agregó, y empezamos a hablar. No tardamos en tener 100 privados, y más de una conversación por el chat. Era muy majo, y me parecía muy guapo, pero nunca me llegó a gustar mucho. Supongo que tenía siempre en la cabeza que él tenía 17 años, y yo 14. No se que pasó, pero dejamos de hablar, y perdí totalmente mi oportunidad de que pasase algo con él. Me arrepentí entonces, y me arrepiento ahora.
En la vida hay que ser más lanzado, si no quieres perder grandes oportunidades.
CAPÍTULO 4.
Pronto se terminó el curso y, sin darnos cuenta, también se terminó el
verano. Empezó segundo. Recuerdo el primer día, igual que todos los
años. Nervios por saber en qué clase estabas y con quién te había
tocado. En primero no tuve suerte, y no me pusieron con ninguna chica de
mi grupo. En segundo, me pusieron con Alicia, pero según estaban las
cosas, eso y nada era lo mismo.
Me uní mas a Irene, Angélica y Paula L., 3 chicas que hacían gimnasia rítmica en el mismo club que mi hermana. Pasé todo el curso con Irene, y llegamos a ser muy buenas amigas.
El grupo estaba cada vez más dividido. Aunque en los recreos y por las noches salíamos todas juntas, había varios grupos marcados. Yo y Elisa nos íbamos por nuestra cuenta, igual que Idoya y Lucía. Paula y Andrea ahora eran mejores amigas, y ninguna las aguantábamos cando estaban juntas. Alicia estaba totalmente ausente porque ahora salía oficialmente con Antonio, un chico de su pueblo con el que había estado de lió desde primero, que tiene 20 años. Además, a Lucía y a Raquel las pusieron en la misma clase, así que también se iban por su cuenta.
Yo nunca me llevé bien con todas... más bien, nunca las llegué a conocer del todo. Y aún sigo sin conocerlas. Pero bueno, ahora estoy contándoos el pasado, ya llegaré al presente.
Durante segundo no tuve muchas oportunidades de estar con chicos, más bien, solo tube 2 o 3, y las desperdicié todas.
Una de esas oportunidades, se me presentó de una manera que nunca me imaginé. Hubiese sido una historia digna de una película o de un libro, si no hubiera terminado mal.
Me uní mas a Irene, Angélica y Paula L., 3 chicas que hacían gimnasia rítmica en el mismo club que mi hermana. Pasé todo el curso con Irene, y llegamos a ser muy buenas amigas.
El grupo estaba cada vez más dividido. Aunque en los recreos y por las noches salíamos todas juntas, había varios grupos marcados. Yo y Elisa nos íbamos por nuestra cuenta, igual que Idoya y Lucía. Paula y Andrea ahora eran mejores amigas, y ninguna las aguantábamos cando estaban juntas. Alicia estaba totalmente ausente porque ahora salía oficialmente con Antonio, un chico de su pueblo con el que había estado de lió desde primero, que tiene 20 años. Además, a Lucía y a Raquel las pusieron en la misma clase, así que también se iban por su cuenta.
Yo nunca me llevé bien con todas... más bien, nunca las llegué a conocer del todo. Y aún sigo sin conocerlas. Pero bueno, ahora estoy contándoos el pasado, ya llegaré al presente.
Durante segundo no tuve muchas oportunidades de estar con chicos, más bien, solo tube 2 o 3, y las desperdicié todas.
Una de esas oportunidades, se me presentó de una manera que nunca me imaginé. Hubiese sido una historia digna de una película o de un libro, si no hubiera terminado mal.
CAPÍTULO 3.
Durante ese curso, conocí a una chica, Tania, con la que me llevaba
bien, pero nunca terminamos de congeniar del todo. Yo conocí al que era
mi novio, Sergio, a través de Tuenti, y más tarde, me le presentaron en
persona, gracias a una compañera de mi academia de baile. La verdad es
que él era tan perfecto, y teníamos una historia tan rara, que era
difícil de creer que estuviese conmigo. No vivíamos en la misma ciudad,
por lo que nos veíamos muy poco, y eso nos afectó bastante.
Creo que Tania nunca se lo terminó de creer, y, aunque no sé muy bien las razones de por qué lo hizo, se inventó a varias personas en Tuenti, diciendo que eran sus amigos, que vivían en Valladolid pero los había visto en persona, que uno de ellos era su novio, etc. No sé si lo hizo por intentar darme envidia, o porque la que tenía envidia era ella por lo de Sergio; a lo mejor fue porque no se lo creyó, y se pensó que la estaba engañando, y lo hizo para "devolvérmela". O tal vez, un día se aburría, y decidió hacerlo para divertirse. Yo la seguí la corriente, hablando con ellos, hasta que me cansé. Nunca le dije que no me creía su historia, porque sabía que si la decía algo, ella me respondería con algo sobre Sergio, y yo tampoco tenía muchas pruebas para demostrar que él sí que existía. Y creo que ella pensaba lo mismo pero al revés, por eso ninguna de las dos explotó.
Ese mismo año, dejé a Sergio. Se que fue una bobada, porque nunca iba a conseguir a alguien así, pero saber que nadie se creía que existía, y que no le podía ver a menudo, me echó para atrás. Además, Tania era la única que sabía algo de nuestra relación, porque estaba metida en lo que es "Tuenti Famoso". Ninguna de mis amigas sabía nada, y mi mejor amiga, tampoco. Fui contándola alguna cosa, pero nunca la llegué a contar la verdad, y me siento mal por ello. Pero supongo que todo el mundo tiene secretos.
Y es que cuando eres adolescente, todo son secretos.
Creo que Tania nunca se lo terminó de creer, y, aunque no sé muy bien las razones de por qué lo hizo, se inventó a varias personas en Tuenti, diciendo que eran sus amigos, que vivían en Valladolid pero los había visto en persona, que uno de ellos era su novio, etc. No sé si lo hizo por intentar darme envidia, o porque la que tenía envidia era ella por lo de Sergio; a lo mejor fue porque no se lo creyó, y se pensó que la estaba engañando, y lo hizo para "devolvérmela". O tal vez, un día se aburría, y decidió hacerlo para divertirse. Yo la seguí la corriente, hablando con ellos, hasta que me cansé. Nunca le dije que no me creía su historia, porque sabía que si la decía algo, ella me respondería con algo sobre Sergio, y yo tampoco tenía muchas pruebas para demostrar que él sí que existía. Y creo que ella pensaba lo mismo pero al revés, por eso ninguna de las dos explotó.
Ese mismo año, dejé a Sergio. Se que fue una bobada, porque nunca iba a conseguir a alguien así, pero saber que nadie se creía que existía, y que no le podía ver a menudo, me echó para atrás. Además, Tania era la única que sabía algo de nuestra relación, porque estaba metida en lo que es "Tuenti Famoso". Ninguna de mis amigas sabía nada, y mi mejor amiga, tampoco. Fui contándola alguna cosa, pero nunca la llegué a contar la verdad, y me siento mal por ello. Pero supongo que todo el mundo tiene secretos.
Y es que cuando eres adolescente, todo son secretos.
CAPÍTULO 2.
El grupo. El grupo empezó con: mi mejor amiga Elisa, Idoya, Alicia,
Andrea, Sheila, Lucia y Rubén. Poco después, se incorporaron Raquel y
Paula., y más tarde yo, (que por cierto, me llamo Marina, por si no lo sabías), que acabé
arrastrando a Claudia (que estaba en mi grupo anterior, con Ana y Sara).
Iba pasando el curso y nos íbamos dando cuenta de cómo era cada una, así que el grupo estaba un poco dividido. Por una parte, yo, Elisa, Alicia y Claudia, nos conocíamos del colegio y siempre habíamos sido amigas, así que estábamos muy unidas, aunque terminamos juntándonos también con Idoya, ya la conocíamos y además, era y es vecina de Elisa. Por otra parte, Raquel y Paula, Andrea y Sheila...y luego estaba Rubén. Siempre habíamos sido amigos en el colegio y le teníamos cariño por eso. Pero llegó un momento en el que ninguna queríamos que estuviera dentro del grupo, por la siempre razón de que era un "friky" y... sí, nos daba vergüenza ir con él. Sabíamos que era una cosa muy superficial, pero en aquella época no pensábamos en eso.
Siempre salíamos todos juntos las tardes de los viernes, y ya llevábamos tiempo engañándolo, diciéndole que no íbamos a salir para que no viniese con nosotras. Hasta que un día, estábamos sentadas en un banco, y apareció. Recuerdo perfectamente aquella tarde. Recuerdo su cara, recuerdo lo mal que me sentí por él, recuerdo cada palabra de la pequeña conversación que tuvieron Idoya y él cuando apareció a nuestro lado:
R: Hooooolaaa
I: ¿Qué haces aquí?
R: ¿Qué pasa, no puedo estar aquí?
I: Sí que puedes, pero con nosotras no.
R: Pues me voy.
Y se fue, y no volvió. No sé si yo hice lo correcto en no defenderle, pero ahora, cuando lo pienso, creo que , aunque no fue la mejor forma de decírselo, estuvo bien cortar por lo sano. En el grupo actual no encajaría. Intentó acercarse durante el curso, preguntándonos por qué no queríamos salir con él, pero terminó cansándose.
Después de echar a Rubén, Sheila se fue por su cuenta. Nos enfadamos porque no dio explicaciones, pero no nos preocupó mucho, porque a ninguna le caía especialmente bien.
Con todo eso, y algunas cosas más, parecía que teníamos un grupo con muchas "movidas", y que nos lo pasábamos genial. Pero yo nunca imaginé, que ese año iba a ser el comienzo de una gran historia.
Iba pasando el curso y nos íbamos dando cuenta de cómo era cada una, así que el grupo estaba un poco dividido. Por una parte, yo, Elisa, Alicia y Claudia, nos conocíamos del colegio y siempre habíamos sido amigas, así que estábamos muy unidas, aunque terminamos juntándonos también con Idoya, ya la conocíamos y además, era y es vecina de Elisa. Por otra parte, Raquel y Paula, Andrea y Sheila...y luego estaba Rubén. Siempre habíamos sido amigos en el colegio y le teníamos cariño por eso. Pero llegó un momento en el que ninguna queríamos que estuviera dentro del grupo, por la siempre razón de que era un "friky" y... sí, nos daba vergüenza ir con él. Sabíamos que era una cosa muy superficial, pero en aquella época no pensábamos en eso.
Siempre salíamos todos juntos las tardes de los viernes, y ya llevábamos tiempo engañándolo, diciéndole que no íbamos a salir para que no viniese con nosotras. Hasta que un día, estábamos sentadas en un banco, y apareció. Recuerdo perfectamente aquella tarde. Recuerdo su cara, recuerdo lo mal que me sentí por él, recuerdo cada palabra de la pequeña conversación que tuvieron Idoya y él cuando apareció a nuestro lado:
R: Hooooolaaa
I: ¿Qué haces aquí?
R: ¿Qué pasa, no puedo estar aquí?
I: Sí que puedes, pero con nosotras no.
R: Pues me voy.
Y se fue, y no volvió. No sé si yo hice lo correcto en no defenderle, pero ahora, cuando lo pienso, creo que , aunque no fue la mejor forma de decírselo, estuvo bien cortar por lo sano. En el grupo actual no encajaría. Intentó acercarse durante el curso, preguntándonos por qué no queríamos salir con él, pero terminó cansándose.
Después de echar a Rubén, Sheila se fue por su cuenta. Nos enfadamos porque no dio explicaciones, pero no nos preocupó mucho, porque a ninguna le caía especialmente bien.
Con todo eso, y algunas cosas más, parecía que teníamos un grupo con muchas "movidas", y que nos lo pasábamos genial. Pero yo nunca imaginé, que ese año iba a ser el comienzo de una gran historia.
lunes, 1 de octubre de 2012
CAPÍTULO 1.
Mi vida... se puede resumir fácilmente... Durante el curso: madrugar, ir al instituto, estudiar, ir a alguna actividad, ordenador, un poco de móvil y a dormir. Durante las vacaciones: dormir hasta las tantas, ordenador, piscina (si es verano), más ordenador, móvil hasta las tantas y a dormir. La típica vida de adolescente. Cada uno le da su toque personal, pero todos hacemos lo mismo. Bueno, también salimos, unos el viernes, otros el sábado, y otros los dos. A mi me encanta salir por la noche. Como a cualquier chica de 15 años. Porque tengo 15 años, aunque voy a cumplir 16 el 1 de enero. Sí, el 1 de enero, ni más ni menos. Que ganas tengo de tener 16 y poder entrar en las discotecas sin colarme! ... Bueno, lo que decía, os voy a contar mi vida.
Mi vida...que asco de vida. Estoy aquí, en mi habitación, recordando todos los buenos y malos momentos que he pasado desde que empecé el instituto. Todas las cosas que me han hecho llegar hasta la situación de caos total en la que estoy ahora. Digo desde que empecé el instituto, porque en el colegio no pasó nada interesante. Sólo recuerdo una cosa que me marcó, el cambio de grupo de amigas.
Al principio, íbamos todas las chicas juntas. Como es de esperar, no teníamos mucha relación con los chicos, y menos para pasar los recreos y las tardes con ellos. En los últimos años de colegio, nos fuimos dividiendo hasta formar 2 o 3 grupos de chicas diferentes. Por unas cosas y otras, acabé los dos últimos años rotando por los grupos. Cuando llegó el primer día de instituto, me dí cuenta de que me había quedado en el grupo equivocado. Lo pasé muy mal, porque sentía que no encajaba en ningún sitio, pero no me costó mucho volver al grupo con el que empecé en el colegio, y con el que de verdad quería estar.
Y es que este grupo ha cambiado muchísimo desde primero de la ESO... unos se van, otros vienen... Y a otros, los echamos.
Mi vida...que asco de vida. Estoy aquí, en mi habitación, recordando todos los buenos y malos momentos que he pasado desde que empecé el instituto. Todas las cosas que me han hecho llegar hasta la situación de caos total en la que estoy ahora. Digo desde que empecé el instituto, porque en el colegio no pasó nada interesante. Sólo recuerdo una cosa que me marcó, el cambio de grupo de amigas.
Al principio, íbamos todas las chicas juntas. Como es de esperar, no teníamos mucha relación con los chicos, y menos para pasar los recreos y las tardes con ellos. En los últimos años de colegio, nos fuimos dividiendo hasta formar 2 o 3 grupos de chicas diferentes. Por unas cosas y otras, acabé los dos últimos años rotando por los grupos. Cuando llegó el primer día de instituto, me dí cuenta de que me había quedado en el grupo equivocado. Lo pasé muy mal, porque sentía que no encajaba en ningún sitio, pero no me costó mucho volver al grupo con el que empecé en el colegio, y con el que de verdad quería estar.
Y es que este grupo ha cambiado muchísimo desde primero de la ESO... unos se van, otros vienen... Y a otros, los echamos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)