miércoles, 3 de octubre de 2012

CAPÍTULO 11.

Se acercaba el cumpleaños de una compañera de mi academia de baile, Elsa, así que nos dijo que el viernes podíamos ir a tomar unas pizzas y después a una discoteca nueva, en la que había una fiesta esa noche, para celebrarlo. Llegó el día, y nos juntamos Elsa, Enma, Laura y yo. Aunque somos pocas, no necesitamos a nadie más para pasárnoslo bien.
Fuimos a la pizzería, y nos contamos alguna novedad, nos reímos, cotilleamos e hicimos el tonto. Lo típico que se hace en cualquier cumpleaños. Le dimos nuestros regalos y, después, nos fuimos. Pasamos por la plaza para ver quién había y para comprar unos chicles. Toda la gente de nuestra edad queda allí para después bajar a la calle donde están todas las discotecas. Compramos los chicles y hablamos con algunos amigos que estaban por allí. Bajamos hasta la discoteca, y vimos que había mucha gente a la puerta, así que no sabíamos que hacer. Elsa decía que si la gente estaba fuera, era porque la fiesta no era buena. No tenía ganas de entrar. Por el contrario, Enma decía que la fiesta seguro que estaba bien, y que había mucha gente, por eso estaban a la puerta. Laura y yo, no opinamos, aunque las dos pensábamos que era mejor irnos a otros sitio.
Al final, Enma nos convenció, y entramos. Al principio, no nos estábamos divirtiendo mucho, porque no había mucha gente, así que salimos a la terraza. Al tercer chupito, la fiesta parecía más interesante.
Nos pusimos a bailar en la tarima, desde donde veíamos a todos los que entraban y salían de la discoteca. De repente, Enma se acercó, y me dijo:
E: Tía, mira ese alto que acaba de entrar, ¡esta buenísimo!
Y: Dioos ¿de dónde ha salido? Vamos a acercarnos un poco.
Nos acercamos a él y a sus amigos disimuladamente, y bailamos allí. Elsa estaba pendiente de uno de los amigos de ese chico, porque ya le había visto más veces, y le parecía muy guapo. Laura, Enma y yo, salíamos de la discoteca cuando salía nuestro chico, y bailábamos cerca de él. Era guapísimo. Alto, de piel morena y ojos grandes y oscuros. Tenía una sonrisa de anuncio de pasta de dientes. Perfecta. Seguimos bailando cerca de él, y persiguiéndole por toda la discoteca casi toda la noche. Lo hacíamos para divertirnos y pasar el tiempo. Todas sabíamos que no se iba a fijar en nosotras por mucho que bailásemos y le mirásemos. O eso creíamos.

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