jueves, 4 de octubre de 2012

CAPÍTULO 20.

El grupo cada vez estaba más dividido. Raquel y Paula ahora eran mejores amigas. Idoya nos dejaba un poco de lado por su novio, pero siempre estaba conmigo y con Elisa, igual que Lucía. Todas estaban un poco enfadadas con Andrea, sobre todo Raquel y Paula, así que nadie la hacía caso. Más de una vez se derrumbó delante de alguna de nosotras, pero nunca llegó a pedir perdón. Imagino que pensaba que no había hecho nada. Y en realidad, yo nunca me enteré bien de lo que había hecho. Tan solo sé que se metió en la relación de Idoya y Manuel, y que tuvo problemas con las demás. Tampoco me importa. Nunca me he llevado bien con ella del todo, y creo que nunca lo haré. Por otra parte, Alica y Ángela eran inseparables. Y, como siempre, yo y Elisa íbamos por nuestra cuenta. Irene y Angélica cada vez estaban más unidas al grupo, aunque seguían sin venirse con nosotras en los recreos. Yo y Elisa estábamos a favor de que saliesen con nosotras, porque así éramos más gente. Pero dentro del grupo, nadie pensaba lo mismo, así que tuvimos varias discusiones por eso. Prácticamente teníamos problemas todos los días. Todas éramos falsas. Todas. Y lo seguimos siendo.
Las notas...buenas. La verdad es que estaba contenta por eso. Matemáticas y Física y Química me daban algún problema, pero con las clases de mi tía, aprobaba, e incluso sacaba buenas notas.
Mientras, en casa, tenía algunas discusiones por culpa del móvil y del ordenador. Pero no era ningún problema para mí. Imagino que si eres adolescente, lo entenderás. Ordenador, móvil, comida, televisión, móvil, ordenador, móvil, ordenador, televisión.... Lo típico.
Como modelo estaba bien. Entre las sesiones de fotos, la academia de baile y las clases de pintura, no tenía tiempo de hacer muchas cosas, pero me organizaba bien. Un día, en un reportaje, conocí a un chico perfecto. No me gustaba, claro, pero era el mejor amigo que se puede imaginar. Empezamos a hablar todos los días, y pronto nos hicimos inseparables. Todavía hoy, lo seguimos siendo.
Y, por último, el apartado de chicos. Bien. Mal. Regular. No sé. No sé si estaba bien, o si estaba mal. Ese apartado cada vez estaba más gris. Ni blanco, ni negro. Gris. Gris oscuro. Aunque, por otra parte, ese tema es el que le daba algo de emoción a mi vida. Porque no había vida más aburrida que la mía.
Y lo que pasó el resto del curso, fue una historia bastante emocionante. Una historia que parece sacada de una película de amor. Tan real, que parece inventada.

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